José Pérez-Guerra
Martes, 9 de julio de 2013

Constitución para vertebrar, nunca para descoyuntar…

[Img #14542]El PSOE propone una reforma de la Constitución con la vista puesta en actualizar el modelo autonómico; pero una vez más comete la torpeza de querer instaurar un federalismo que en vez de vertebrar una nación de iguales, busca primar las diferencias, lo que nos llevaría a un Estado de forasteros que deberán sor políglotas si quieren entenderse.

El federalismo es un dogma socialista que el partido intenta imponer como un hallazgo progresista, cuando es de sentido común que se federan partes para constituir un todo; y España es una nación desde hace bastantes siglos. Territorios de las colonias inglesas, españolas y francesas constituyen, lograda la independencia, los Estados Unidos de América donde todos se sienten estadounidenses; los cantones helvéticos se federan para constituir una nación de suizos; e igual sucedió con los entes territoriales alemanes que forman Alemania. Pero federar lo que ya está unido, es descoyuntar, elevando las partes a categorías nacionales, en una estrategia taifa, y de los reinos o condados de estirpes soberanas, dueñas de tierras, y de cuanto en ellas había, porque eran propietarios por la gracia de Dios.

En España el federalismo siempre terminó en esperpentos o en guerras. La I República, en la segunda mitad del siglo XIX, fue de inspiración cantonal. Y las ciudades –Cartagena, Almería, Plasencia o Sevilla- se enfrentaban unas a otras, y fue tal el desconcierto y la postración que se reprodujo la Guerra Carlista y los federalistas catalanes declararon la independencia… Pero el Partido Socialista en vez de corregir su error, saca en los años 30 del siglo XX al federalismo del armario de la Historia, hace posible las autonomías -Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía (solo efectivas las dos primeras)- y por esa, entre otras razones, se precipitó una guerra civil que sembró España de cadáveres.

Tras la dictadura de Franco se busca la reconciliación y se articula una Constitución de consenso como basamento de la España democrática, aprobada en referéndum por la inmensa mayoría de los españoles. Y se configura un Estado autonómico que es manifiestamente mejorable, siempre dentro de una Administración Central que haga realidad la igualdad de todos, en cualquier parte, cosa que no puede conseguirse con la maturranga federalista. No estamos en el Medievo, sino en el Tercer Milenio; en un mundo compartido donde ya no es posible el divisionismo taifa, sino la unión para progresar; cuando no hay fronteras para las comunicaciones, la investigación, la cultura, los intercambios… cuando los Estados tienen que unirse y entenderse. Por eso nos parece una antigualla el documento de reforma de la Constitución en este aspecto, el de la organización del Estado aprobado por el Partido Socialista que la E de español empieza a caerse de sus siglas…

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