Amalia García Rubí
Jueves, 26 de septiembre de 2013
Madrid. Hasta el 8 de octubre

40 años de trayectoria, una antológica de Cristina Duclos en la Casa De Vacas del Retiro

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[Img #15252]Más de un centenar de obras componen la antológica inaugurada en el gran espacio de Casa de Vacas del Retiro. La exposición esperada con anhelo por muchos, la de la artista madrileña Cristina Duclos. Una fecunda trayectoria en la pintura llena de rico contenido  estas salas. Y lo hace, como no podía ser de otra manera, con el beneplácito y reconocimiento de las más altas instancias culturales de la capital. Bajo el sencillo título “Cristina Duclos, 40 Años”, se repasa en esta exposición casi medio siglo de andadura artística que se ha venido cimentando en el principio del color puro y la forma suculenta, inspirada en el variopinto mundo de contrastes que la naturaleza exótica ofrece a la artista. Todo trascrito en un lenguaje plástico claro y singular que ha ido evolucionando con firmeza a lo largo de la carrera de Cristina Duclos: desde la pintura de retrato infantil y el paisaje naif de los años setenta (en los que la influencia de Henri Rousseau, el Aduanero, parecen una feliz constatación) hasta los últimos y delicados papeles artesanales pintados a la acuarela, en los que la flor (motivo por antonomasia de su pintura) ha alcanzado el cénit de la expresión luminosa y simplificada, sin perder un ápice de su poesía, de su esencia prometedora.  

[Img #15253]Si tuviéramos que hacer balance de todo lo acontecido en la trayectoria de esta luchadora vitalista, amante de la belleza natural de las cosas pequeñas como las flores y los insectos, a los que ha dedicado toda una vida en el arte con el esmero y la detenida observación del naturalista, diríamos sin titubear que Cristina Duclos ha ido creciendo en lo creativo, desde su primera juventud, sin dejar de experimentar, sin estancarse en lo fácil. Es de sobra conocida su faceta como gran retratista de personas con importante peso en la sociedad, sin embargo, la inquietud le ha llevado más allá de la obra de encargo, siendo sus trabajos en solitario los que han dado a Duclos el empaque y la personalidad de la que actualmente disfruta. Una obra enriquecida a cada paso, por la que el espectador siente desde el primer contacto una imantación especial. El manejo soberbio del color y su opulenta saturación de tonalidades encendidas, la capacidad de convertir lo decorativo en algo encantador lleno de lirismo, son algunos de los sellos inconfundibles de un idealismo natural que despierta los sentidos. Hay un deseo de palpar, oler y saborear con la mirada los mil y un aromas que desprenden todos y cada uno de estos fragmentos de su jardín, a cual más desbordante en formas y tonos, más amable y sugerente en voluptuosidad.

En la obra escultórica de Cristina nada y todo está relacionado con su pintura. El difícil mundo de la escultura en bronce a la que con valentía y arrojo se lazó hace apenas un lustro, es digno de encomio, tanto en sus primeras presentaciones en la galería Ansorena de Madrid, como sin duda  ahora en este amplio recorrido antológico. El tema, un microcosmos agrandado hasta lo hiperbólico donde la artista estudia a fondo la anatomía y el comportamiento de los insectos, un complemento de armonía y existencia vital para las flores que regresan una y otra vez a sus lienzos, dibujos y aguadas. El resultado, unas preciosas esculturas de hormigas que desfilan, abejas libadoras, saltamontes y otros pequeños habitantes del jardín trasladados con maestría al ámbito de la obra de arte, y a los que Cristina ha dedicado con mimo sus últimos retos plásticos. Unos retos a todas luces, exitosos, que aún y a pesar de todo el tiempo transcurrido, guardan muchas sorpresas para seguir disfrutando de una artista con merecido renombre internacional.

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