Amalia García Rubí
Domingo, 13 de octubre de 2013
Madrid

Agustín Hernández de Quijano, fotografías en la Galería Egam

[Img #15484]Bajo el título “Ciudad Tendida”, Agustín Hernández de Quijano nos presenta en Madrid su primera exposición individual. A partir de un solo motivo reiterado, este singular artista no persigue grandes contenidos para sus imágenes;  más bien al contrario, podríamos afirmar que las fotografías agrupadas en esta muestra carecen de interés temático per sé, pues se trata de simples tendederos encontrados en cualquier patio de luces o ventanas de cualquier edificio de viviendas, situado en cualquier barrio de cualquier ciudad.

Es precisamente el desinterés por las cosas graves y trascendentes,  y en su lugar una irresistible atracción por cuanto puede llegar a esconder lo anodino o vulgar, lo que convierte a Hernández de Quijano en un autor contemporáneo que nos descubre la belleza de las cosas comunes, su capacidad para contarnos historias y abrirnos auténticos diarios vitales. La ropa tendida o puesta a secar al sol ha sido motivo de atención en la historia del arte pero siempre concebida como pequeña nota pintoresca (en los cuadros de Canaletto, por ejemplo, o como mero apunte o estudio de luz, para hacer mano en el caso de algunos paisajistas del XVIII y XIX).

Serán los pintores realistas del siglo XX como Antonio López, los que convirtieron lo anecdótico en motivo principal de la obra, haciendo de la sábana mecida por la suave brisa de un atardecer, todo un símbolo de intimismo cotidiano. En cuanto a fotógrafos que han captado este motivo, son también cuantiosos, pero siempre de manera aislada y no en una serie tan extensa como la tratada por Agustín Hernández. Movido por un interés distinto, consistente más bien en sacar de lo indiferente un fascinante universo social de sugerencias implícitas o mensajes tácitos en torno a lo humano, el artista presenta sus imágenes desde la distancia, aunque en todas ellas descubrimos breves tintes lírico-dramáticos que van desde lo sórdido hasta lo más etéreo y apacible de la vida diaria.

A partir de un trabajo impecable, este joven fotógrafo español nos pasea con su cámara por distintos ámbitos, rincones y calles de la ciudad mostrándonos en imágenes instantáneas aquellos aspectos de la realidad en los que no solemos reparar. Y siempre desde la actitud cómplice, juguetona e incluso curiosa, de su propio mirar hacia las alturas. Una obra colorista y llena de luz que desde el primer momento, nos encandila.

(Galería Egam, c/ Villanueva 29, de Madrid. Del 8 al 26 de octubre)

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