José Pérez-Guerra
Sábado, 19 de octubre de 2013

De Reino a Nación. España en la Historia

[Img #15540]Acaba de publicarse ‘Historia de la nación y del nacionalismo Español’ en el que han trabajado 45 historiadores dirigidos por Juan Pablo Fusi, Blas Guerrero y Antonio Morales, libro editado por Galaxia Gutenberg, articulado en seis grandes capítulos: ‘La génesis de la nación’; ‘La España del siglo XIX’; ‘La España del siglo XX: 1898-1936’; ‘La  España del siglo XX: 1936-1978’; ‘España desde la periferia’ y ‘España desde el exterior’, estudio histórico que, por su contenido, ocupará un lugar destacado en nuestra biblioteca.

El libro, que solo conocemos por la información aparecida en la prensa, induce a repasar la génesis y el desarrollo de España desde que hace más de dos milenios, en la Prehistoria, Roma coloca sus cimientos cuando traza la primera configuración política: Hispania, la Citerior y la Ulterior. E Hispania/España figura desde entonces en los mapas; en tiempo romano y cuando se convierte en Reino Visigodo con capital en Toledo. La Hispania que resiste al dominio musulmán alumbrando el Reino de Asturias que fija su frontera en el rio Duero, ‘extremodouro’; sitúa la corte en León y se van estableciendo enclaves de resistencias que dan origen a condados, reinos… en manos de estirpes unidas por vínculos matrimoniales.

La Edad Media finaliza cuando, por fin, se libera todo el territorio del dominio islámico; es cuando, con la unión de las Coronas de Castilla y Aragón, se configura el Reino de España; cuando se descubre América, se incorpora Navarra y la monarquía hispana marca los ritmos de la Edad Moderna en el mundo. El siglo XVII marca el final de una larga etapa hegemónica. Aparecen ilustrados que buscan un cambio y el pueblo se organiza en la Guerra de la Independencia para defender ‘su nación’ del invasor francés. Y eso se pone de manifiesto en las Cortes de Cádiz y en la Constitución que emana de ellas: España deja de ser un Reino Absoluto para constituirse en Nación Soberana. No fue fácil hacer realidad este logro, pero los liberales lucharon durante todo el siglo XIX para que la Constitución fuese la norma de una nación libre; de ciudadanos iguales ante la ley, sin castas ni inquisiciones, una democracia.

No fue fácil, porque las tradiciones y los tradicionalistas, los romanticismos y nacionalismos, trabajaban para volver a los viejos esquemas cuando las castas familiares eran dueñas de cuerpos y almas. Como ahora, acomodando la historia real a los deseos y las conveniencias.

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