Amalia García Rubí
Martes, 17 de diciembre de 2013
Madrid. Hasta el 31 de enero

Ecos de viento, esculturas y pinturas de Carmen Otero en la galería Kreisler

[Img #16163]Carmen Otero (Madrid, 1963) destaca en varios ámbitos de la plástica, estando su labor muy vinculada desde hace años al arte religioso y la imaginería. Conocemos los importantes trabajos en el campo de las artes aplicadas, que tuvieron un peso digno de mención en las 14 vidrieras diseñadas para la Catedral de la Almudena entre 1998 y 2000, mientras sus esculturas en bronce, murales y relieves fundidos presiden hoy espacios de instituciones públicas y privadas de distinta índole. Asimismo, el elenco de premios y obras expuestas en ferias, muestras de arte internacional, etc., sitúan a la artista madrileña en una posición muy relevante dentro de su especialidad.

Sin embargo, no es exactamente la estricta faceta profesional la parte de la trayectoria de Carmen Otero que aquí nos interesa, sino esa otra cara, diríamos, menos ligada a la obra de encargo y más asociada a la libre creación. De su actividad como artista singular con personalidad y discurso propio lejanamente emparentado con la lección sempiterna de la deconstrucción cubista, versa esta última individual que hoy inaugura en la galería Kreisler. Además de sus cabezas en bronce y madera patinada, se presentan en la sala varias pinturas acrílicas sobre madera entelada de la serie “Levante” y otras tantas piezas de pared en acero recortado y lacado dignas de encomio, todas ellas variaciones sobre un mismo motivo-idea inspirado en la cabeza humana. En las pinturas-dibujos, llevados a la práctica con impecable destreza técnica, cada una de sus composiciones y descomposiciones modulares refleja la máxima bauhasiana de anclar la figura y el espacio a la superficie plana del cuadro; o en el caso de las esculturas exentas y los relieves, fundir en síntesis perfecta forma, luz, masa y vacío en un único movimiento de la mano que deriva de ese dibujo primero sobre el cual se cimienta todo lo después construido.

Por otro lado, Carmen Otero no acata a pies juntillas la norma “menos es más” que rige los principios radicales minimalistas, para centrarse en la belleza de un dinamismo curvilíneo que alienta cierto art nouveau simplificado pero al mismo tiempo cargado de sonoridad poética. Apuesta por la belleza de fusiones e interrupciones espaciales, de sombras e iluminaciones, de colores y superficies neutras  a base de inteligentes juegos rítmicos entorno a lo constructivo y en definitiva, no olvida que el arte, ante todo, debe ser pura evocación.

Una exposición de indudable calidad y enjundia que bajo el título Ecos del Viento, nos ofrece abundante información sobre las inquietudes más recientes de su autora, brindándonos asimismo la oportunidad de conocer a fondo  la obra de esta gran artista contemporánea.

(Galería Kreisler, c/ Hermosilla, 8, de Madrid. Hasta el 31 de enero)

http://www.galeriakreisler.com/

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