Amalia García Rubí
Viernes, 7 de marzo de 2014
Madrid

Alejandro Quincoces. Obras recientes en la Galería Alfama

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[Img #16991]En estos días un tanto desidiosos en los que el arte trata a menudo de hacer estrafalarias cabriolas para ganarse la admiración de los que necesitan estímulos exagerados rayanos casi siempre en la superficialidad más decepcionante, resulta gratificante reencontrarse con algo tan simple y al mismo tiempo tan necesario como un buen surtido de grandes lienzos pintados al óleo. La exposición de Alejandro Quincoces en Alfama es una buenísima noticia para el arte de hoy. Sin duda la pintura no ha muerto. Es más, sigue viva mal que les pese a algunos, y en su longeva existencia se nos muestra joven y lozana e incluso casi recién nacida como para recordarnos de nuevo que su magia perdura a través de los tiempos. Obras como la de Quincoces corroboran esta realidad, y en ellas se hace posible el disfrute sencillo de la contemplación sin adorno de conceptualismo rocambolesco alguno, ya sea buscando el motivo nutricio o tan sólo dejando que fluya libre, sin otro apoyo que el de su magnífica presencia, la pintura fresca, sugestiva, amigable, cercana, íntima efervescente, de este grandísimo artista contemporáneo, nos alienta a la hora de creer en la maravilla que sigue siendo hoy la creación pictórica.

Lienzos grandes asiduos en este pintor con trayectoria, formato amplio para amplias perspectivas de vertiginosas diagonales y potentes cielos en los que poder viajar hacia el interior del cuadro, atmósferas cargadas de grises cromáticamente tan envolventes y bellos de los que se viene jactando con sobrada razón  la paleta única de Quincoces, se nos aparecen, nos embaucan. Fuera de todo etiquetado, resistiéndose a ser encasillado en ninguna escuela realista al uso, Quincoces juega con envidiable sabiduría plástica a la tradición y a la modernidad, al expresionismo del Goya más enigmático y a la veracidad objetiva de la representación, a la evocación lírica y al discurrir prosaico de nuestra cotidianidad ciudadana. Todo y nada puede ser susceptible de atribuirse el genio clásico y barroco, romántico y realista, abstracto y figurativo que asoma tras los paisajes de Alejandro Quincoces. No hace falta recordar aquí la maestría, el dominio del óleo alcanzado por el artista vasco, pero sí sería, creo, conveniente reiterar una y mil veces que la buena pintura, aquella que prescinde de apoyaturas dispersantes, se concentra aquí, sin más, en las paredes de una sala legendaria. Sólo hay que acercarse, mirar y celebrar tan espléndido milagro.

(Galería Alfama, c/ Serrano 7, hasta finales de marzo)

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