José Pérez-Guerra
Martes, 8 de julio de 2014

Por la senda federal solo puede llegarse al precipicio

[Img #18423]No hubo debate, solo una declaración de intenciones de los tres candidatos a comandar el PSOE -Eduardo Madina, Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapia- sometidos a preguntas de compañeros de partido invitados a la función, celebrada en la sede socialista de la calle Ferraz; y como era previsible no hubo sorpresas. Ni siquiera aportaron nada nuevo sobre el futuro de España como nación de españoles, cuando el problema más grave de este momento es el independentismo en Cataluña, que aspira a reconstruir unos hipotéticos ‘países catalanes’, y en el País Vasco que busca anexionarse, de momento, Navarra. Para Madina y Sánchez es necesario una reforma constitucional desde una concepción federal. Y Pérez Tapia puntualiza que España es un país plurinacional…

 

Siguen anclados al cantonalismo de la I República, cuando España se convirtió en un tragicómico espectáculo; cuando sus ciudades se declaraban la guerra. El Cantón de Cartagena llegó a bombardear Almería, y el viejo carlismo, vencido en varias contiendas, resucita volviendo a encender una nueva guerra civil. Aquella República que incorpora bandera y experiencias extrañas -por eso del ‘progreso’-, y que terminó, por suerte, antes de cumplir un año de instauración, tiempo que aprovecharon los federalistas catalanes para intentar, por dos veces, a principios de 1873, establecer un Estado propio.

 

De este episodio que alimentó viñetas cómicas en la prensa de entonces, de hace más de 141 años, parte un federalismo que los socialistas españoles han convertido en dogma, sin tener en cuenta que un socialismo auténtico debe buscar la igualdad de los hombres (y de las mujeres, para ser modernos: ‘compañeros y compañeras’) en vez de enquistarse en vicisitudes históricas trasnochadas heredadas de poderes absolutos, cuando las estirpes nobles eran dueñas de tierras y de sus habitantes, de cuerpo y almas, porque para eso la Iglesia era fiel aliada de unos poderes dinásticos que llegaban ‘por la gracia de Dios’.

 

Pero el hombre es animal que suele tropezar en la misma piedra. Y seis décadas después de aquella nefasta experiencia, cuando se trató de copiar al federalismo alemán y el estadounidense (nacionales que surgen agrupando diversidades) el socialismo de la II República establece unas autonomías llamadas históricas -Cataluña, Vascongadas, Galicia y Andalucía- como germen de una especie de repúblicas soviéticas españolas. En Cataluña lo primero que hace el Gobierno de la Generalitat es declarar la República Catalana dentro de los Países Ibéricos, aprovechando el momento de la Revolución de Asturias. No lo logró. Pero ese federalismo progresista (que buscaba el progreso (¿) de la URSS) dejó sus huellas, y de ellas vienen los lodos que alimentan los separatismos actuales.

 

El socialismo cuando deja de manifestarse como un objetivo para lograr el bienestar social, llega a extremos antisociales. Han pasado muchos años de la I y la II Repúblicas, pero en las madres de nuestro socialismo está la dogmática federal, aunque la experiencia demuestra que el federalismo lleva a España al precipicio. En Estados Unidos, con territorios de colonias europeas se consigue una nación única; en Alemania y Suiza los viejos poderes históricos generan naciones donde conviven alemanes y suizos. Pero aquí, en España, con un recorrido de bastantes siglos, un partido que solo puede tener sentido si agrupa la diversidad para conseguir la igualdad, se afana en un federalismo tendente a desmembrar el cuerpo nacional, donde en vez de españoles haya catalanes, vascos, gallegos, andaluces… y para entendernos cada hispano deba llevar un diccionario políglota… de locos. Esto sería el Estado plurinacional propugnado por Pérez Tapia; o la República Federal que contemplan Sánchez y Madina… Están ciegos, y cuando los ciegos guían…

Enlaces automáticos por temática
InfoENPUNTO • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress