Amalia García Rubí
Martes, 7 de octubre de 2014
Madrid, hasta el 1 de noviembre

Daniel Garbade, ”Cut“ y la visión múltiple, en la Galería Dionis Bennassar

[Img #19193]Existen tantos modos de descomponer la realidad humana y la imagen que de ella tenemos como maneras de descifrar su apariencia desde infinidad de puntos de vista. El cubismo logró acabar con la visión única deconstruyendo lo objetivo en fragmentos que respondían a enfoques distintos agrupados en un solo cuadro. El procedimiento de reestructuración del retrato llevado a cabo por Daniel Garbade nada tiene que ver con el análisis cubista en cuanto a síntesis geométrica se refiere, pero al igual que aquel, replantea el modo de mirar mediante el esfuerzo mental añadido de recomponer lo visto. A través de un curioso y atrevido proceso pictórico consistente en “cortar y pegar” trozos de figura en varios cuadros independientes,  luego dispuestos según una determinada relación formal, Daniel Garbade propone una nueva manera de enfrentarse al significado icónico del retrato a través del efecto óptico de superposición de cuadros que conforman una obra mayor. Por su parte, la retina se encarga de resolver el rompecabezas dando sentido a lo pintado y corrigiendo su dislocación en una imagen finalmente coherente.

 

Si bien es cierto que el artista se inclina a un relativo naturalismo pictórico en la representación de los rasgos faciales, la identificación del personaje real/mítico, nos hace pensar en ciertas connotaciones historicistas intencionadamente cuestionables, como pudiera ser la validez o no de tratamientos únicos en la evolución simbólica del modelo y su significado dentro de las artes visuales. Garbade replantea la posibilidad del juego más allá de la solemnidad de la pintura, convirtiendo el género del retrato en un espejo roto. Quizá reflejo confuso e intrascendente de un paradigma desglosado en facsímiles desordenados forzosamente recompuestos. Allí donde nos descubrimos en el otro, también nos es dado desfigurarnos y camuflar nuestra identidad distanciada, para disfrazarnos o incluso desaparecer del todo tras los ardides que nos brinda el prestidigitador.  

 

La exposición de Daniel Garbade se aparta de la figura pictórica convencional para retomarla desde la mirada plural, dinámica y secuencial que nos conecta con el cine y la fotografía. Caravaggio Inmigrante, Joven Artista, Andando en altura… están plagadas de guiños humorísticos autobiográficos y al mismo tiempo nos encaminan hacia maneras mágicas de abordar la realidad humana, donde estatismo y movimiento, improvisación y acción transforman el mecanismo creativo en multitud de invenciones e intervenciones sin fin.

 

(Galería  Dionis Bennassar, c/ San Lorenzo 15, de Madrid, hasta el 1 de noviembre)

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