Fuente: Museo Lázaro Galdiano
Viernes, 10 de octubre de 2014
Hasta el 26 de enero de 2015

El Museo Lázaro Galdiano muestra sus abanicos más lujosos

[Img #19232]“Abanicos del siglo XVIII en la Colección Lázaro” es la nueva exposición que ofrece el Museo Lázaro Galdiano  a partir del 10 de octubre. La muestra, comisariada por Carmen Espinosa, conservadora jefe del Museo Lázaro Galdiano y que se puede visitar hasta el 26 de enero de 2015, se compone de una cuidada selección de casi treinta piezas correspondientes a la edad de oro del abanico, elemento fundamental del adorno personal femenino, signo de distinción y de lujo. La gran variedad de abanicos que atesoró José Lázaro son testigos de su búsqueda incansable como coleccionista, de meses e incluso años, para encontrar piezas con las que obsequiar a su esposa, Paula Florido, desde que la conoció en 1901.

 

Las piezas expuestas en “Abanicos del siglo XVIII en la Colección Lázaro” son un excelente repertorio que permite al visitante apreciar la evolución de este complemento femenino. Se muestran obras tempranas, del primer tercio del siglo XVIII, donde las referencias al barroco clasicista son evidentes; ejemplares en los que vemos cómo se va fraguando el gusto rococó que dio lugar al abanico galante, fiel reflejo de la vida refinada y placentera de los nobles y burgueses europeos del segundo tercio de la centuria; y piezas de estructura sencilla, pero de calidad, que nos adentran en el estilo neoclásico y la moda Imperio.

 

Las pinturas de los países -denominación que recibe esta parte de los abanicos- están realizadas sobre papel o vitela -piel de vaca o ternera, adobada y pulida-, materiales que permiten el plegado, y están inspiradas en asuntos mitológicos, históricos, galantes y pastorales. Los poemas homéricos de la Iliada y la Odisea, unidos a la Eneida de Virgilio y Las Metamorfosis de Ovidio, fueron una fuente inagotable para los pintores de abanicos junto a las gestas de Alejandro Magno cuya figura encarnó los ideales de valor, poder y nobleza. La pintura de los abanicos de estilo Luis XV, identificados con el rococó, refleja la creciente hegemonía de la mujer en la vida social y ella será la protagonista indiscutible reflejada en la diosa Venus, personificación del amor, la belleza y la fertilidad; en Juno, diosa del matrimonio y protectora de la mujer; o de Onfalia que hizo que Hércules olvidará su valentía abandonándose a los placeres del amor. De la historia religiosa, habitual en abanicos del primer tercio del siglo, se escogieron relatos del Antiguo Testamento, aquellos donde la mujer desempeñó un papel fundamental como Sansón y Dalila, Salomé, Betsabé o la reina de Saba. A partir de 1750, a la literatura se unen, como fuente de inspiración para los pintores, el teatro, la ópera y el ballet.

 

Las pinturas de Antoine Coypel, Charles Le Brun y sobre todo las de Jean Antoine Watteau y François Boucher, creadores de la fiesta galante y de la pintura pastoral, son otro gran referente para la decoración de los abanicos dieciochescos. Esta riqueza iconografía está presente en los abanicos de la Colección Lázaro y visible en esta exposición.

 

Variedad y calidad están presentes en los abanicos de esta muestra, citemos como ejemplo uno francés con la representación en su país de la Alegoría de las Artes o el italiano con una escena de toilette, piezas de las más ostentosas de la colección. También podemos deleitarnos con los elegantes varillajes realizados en marfil o carey con trabajo de piqué -técnica italiana adoptada en Francia e Inglaterra que consiste en la incrustación de pequeños fragmentos de oro y plata-, tallados y calados en forma de rejilla o puntos - grillé / pointillé-, a los que se añaden pequeñas láminas de madreperla, plata dorada o corlada, nácar y, en ocasiones, piedras preciosas en el adorno de las palas y en el clavillo -pasador que sujeta las varillas, las fuentes y palas, del abanico-.

 

La colección de abanicos, compuesta por noventa piezas, es especial entre todas las que conforman la Colección Lázaro. Sus obras, nos explica Carmen Espinosa, comisaria de la exposición, son algo más que objetos de colección, fueron testigos mudos de una relación personal, la de los coleccionistas José Lázaro y Paula Florido: desde que se conocieron, en 1901, y hasta la muerte de Paula en 1932, Lázaro regaló a su esposa abanicos en dos fechas muy señaladas: el 15 de enero, día de su cumpleaños, y el 29 de junio, en que celebraba su onomástica. Estos abanicos responden al gusto de Lázaro que se esforzó por encontrar las piezas, buscadas durante meses e incluso años, con las que agasajar a su esposa aunque, evidentemente, existió cierta complicidad pues conocía sus preferencias hacia el siglo XVIII, hacia los abanicos de la época Luis XV y Luis XVI. Los abanicos del XVIII a comienzos del siglo XX y aún hoy, están considerados como verdaderas joyas, muy buscadas y de gran valor.

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