José Pérez-Guerra
Sábado, 17 de enero de 2015

En el Tercer Milenio los ‘profetas’ de cielo y tierra siguen marcando los ritmos de la Humanidad

[Img #20136]El terrorismo islamita ha puesto a Europa en guardia, sucediéndose las operaciones para prevenir atentados no solo en Francia, sino también en Bélgica, Alemania y otras naciones amenazadas por fanáticos que hacen ‘la guerra santa’, matando en nombre de un ‘Dios misericordioso’ y ‘todopoderoso’ que necesita sicarios a los que premia con el Edén; Edén, por lo visto, repletos de asesinos, entre ellos los del ‘11-S’ de Nueva York, los del tren de Atocha o los autores de los recientes asesinatos en Francia.

 

Tras un largo recorrido, siguen las religiones integristas, los nacionalismos identitarios y los sistemas totalitarios que se presentan como salvadores de aquellos que someten. El fin último de todo terrorismo es imponer dominios a base de acciones salvajes e indiscriminadas utilizando la ley de la selva, llámese ETA o ‘yihad’ de un Islam fuera de los cauces civilizados; porque rompe cualquier norma de convivencia. Un terrorismo guiado desde poltronas o santuarios y aplicado por descerebrados.

 

De los homínidos del mioceno hasta el Tercer Milenio se ha recorrido una distancia de millones de años. De ese origen, y en ese trayecto, un eslabón se levantó, divisó el horizonte, y caminó hacia la primera luz de su interior convirtiendo las patas delanteras en herramientas para coger y utilizar. Sintió necesidades y buscó maneras de resolverlas mientras su intelecto proporcionaba una razón generadora de conocimiento y de una personalidad capaz de alumbrar sentimientos. Fue el paso del homínido al hombre. Y desde ese momentos surgen magos que ‘realigan’ buscando la manera de que influir sobre la personalidad de los individuos para conseguir su obediencia debida en el programa partidista. Porque dejando se ser persona con criterio, en el rebaño o en la masa, se maneja mejor; el grupo se convierte en fuerza ciega tras la consigna. Y es que el adoctrinamiento -de tierra o de cielo- cauteriza las conciencias.

 

Creer es, o debe de ser, un convencimiento íntimo, personal, nunca obligado. ¿O es que Dios, origen de la vida, necesita ‘mártires’ para matar a los que ese mismo Dios quiso que nacieran?. Nuestro mundo está lleno de ‘profetas’, de ‘concienciados’, de ‘caudillos’, de ‘revolucionarios’, que en los periodos de inestabilidad o de descreimiento hacia lo constituido, buscan sacar un provecho que solo a ellos beneficia. Porque el hombre sometido por los que dicen ser portadores de verdades únicas, acaba siendo una especie de ‘robot’ de la maquinaria del poder, ya sea político o religioso. Y no hay más que repasar la historia para informarse…

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