José Pérez-Guerra
Miércoles, 8 de abril de 2015

El nacionalismo es una incultura; es un regreso a la tribu

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La directora de la Real Academia de la Historia, Carmen Iglesias, al informar sobre el ciclo de conferencias ‘Biografías e Historias’ que se celebra en Madrid dijo que el nacionalismo es ‘volver a la tribu’, opinión cercana a la de Vargas Llosa que han puntualizado en más de una ocasión que el nacionalismo es ‘una incultura’. Y lo es por cuanto la humanidad empieza a contar desde el momento en que la razón aconseja unir fuerzas, agruparse para ser y prosperar. Desde el ‘no es bueno que el hombre esté solo’, y necesitaba emparejarse, a los vínculos familiares, de tribus y pueblos que se necesitaban para sobrevivir y prosperar, a unidades mayores en un tejido que posibilitó la generación de las edades.

 

Si nos atenemos a nuestra tierra, los centenares de poderes locales que poblaban, sin entenderse, la geografía ibérica, se interrelacionan cuando hace más de dos milenios los romanos conquistan el territorio al que llaman Hispania, trazan su demarcaciones y unen la diversidad mediante vías de comunicaciones con un idioma común -el latín- para entenderse y avanzar juntos. E Hispania se hace notar en Imperio por su economía y por su cultura. Una sociedad que sobrevivió y tuvo voz propia en la Monarquía de Toledo, hispano-visigoda, hasta que los invasores musulmanes, a principio del siglo VIII, trataron de borrarla de mapa cambiando el nombre por el de Al Andalus, y desde esa base avanzar hacia otras tierras europeas.

 

Pero Hispania resiste en las montañas, donde puede. Y la Reconquista empieza en Asturias, se extiende a Cantabria y se va ampliando hacia Galicia por el lado occidental y hacia el litoral cantábrico que llega a los límites galos por el oriental. Pone su proyecto de reconquista en la orilla del Duero, ‘extremodouro’ histórico que es alcanzado y rebasado, por lo que la corte, el reino, pasa de Asturias a León… y por el Este se establece el condado de Castilla, después Reino, cuando ya es una realidad el Reino de Pamplona, que estuvo en el alumbramiento del condado, del reino, de Aragón. Los árabes habían invadido las Galias, fueron derrotados y la figura de Carlos Martel, de su hijo Pepino, y posteriormente de su nieto Carlomagno convierte el poder carolingio en Sacro Imperio Romano y Germánico, con las bendiciones del obispo de la iglesia cristiana de Roma, imperio que para asegurar sus tierras busca ampliar las fronteras cristianas en lo que fue Tarraconense, las Marcas Hispánicas que generaron condados en un tiempo en que las grandes estirpes se repartían la Hispania liberada.

 

A ese divisionismo se refiere Fernando II de Aragón, protagonista de un ciclo de conferencias abierto el 8 de abril en la Real Academia de la Historia de Madrid con el título de ‘Fernando el Católico, el rey de Aragón que imagino España’, del que informamos en este periódico. Un rey que al final de su vida declara que desde hace más de setecientos años, nunca ‘la corona de España estuvo tan acrecentada, ni tan grande como ahora, así en Poniente como en Levante, y todo, después de Dios, por mi obra y mi trabajo’. Con los Reyes Católicos se inicia la España actual, la que culminó la reconquista, impulsó el descubrimiento de un Nuevo Mundo y abrió los caminos de Europa…

 

La presidenta de la Real Academia, Carmen Iglesias, dijo también que ‘fue muy bueno en su día’ el Estado de las Autonomías; ‘pero no se le ha puesto un dique y muchas comunidades han acabado funcionando como antiguos feudos’. Lo que era acercar la administración a la sociedad se ha constituido en ‘estaditos’ con todo lo imaginable, con mentalidad taifa… y así se llega a eso, a la tribu apetecida por los mandamases nacionalistas.         

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