José Pérez-Guerra
Viernes, 5 de junio de 2015
Haciendo caso omiso de una sentencia del Tribunal Supremo

Para la Generalidad de Cataluña los ‘bienes de la Franja’ aragonesa son patrimonio suyo

[Img #21506]El Tribunal Supremo ha sentenciado que las obras patrimoniales de iglesias de la ‘Franja aragonesa’ que un día formaron parte de la Diócesis de Lérida y desde 1995 pertenecen a la de Barbastro-Monzón (Huesca), desde hace un siglo depositadas en el Museo Diocesano de Lérida, deben ser restituida a su lugar de origen, al considerar que la Generalitat las catalogó irregularmente en 1999 como patrimonio suyo cuando el litigio ya estaba abierto, y lo hizo sin conocimiento de partes para que esta declaración no fuese recurrida por irregular.

 

Se trata de un conjunto de obras, 113, que el obispo Messeguer i Costa (1890-1905) se llevó a Lérida aprovechándose de las necesidades de las iglesias aragonesas a la hora de sufragar una obra que tenía la obligación de financiar como prelado de una diócesis que no es solo la jerarquía, sino también, y en definitiva, los miembros de las parroquias, ‘piedras vivas’ a las que se les exigía una contrapartida: la de trasladar a Lérida las obras de arte que en realidad no era más que el depósito de una patrimonio que es parte de la historia de los pueblos, en este caso los de ‘la Franja’. En un libro del historiador Domingo Buesa, editado por Ibercaja en 1994, se informa de este expolio sufrido en la Franja.

 

La sentencia del Tribunal Supremo llega tras un largo litigio. En 2005 la Signatura Apostólica juzgó en Roma la cuestión y falló que las piezas deben volver a su lugar de origen, pero en Lérida se entiende que la sentencia no ha considerado la propiedad, al estimar que el obispo Messeguer i Costa ‘compró’ este patrimonio aragonés como si se tratara de un ‘negociante’, pero con dinero de toda la feligresía. En 2011 es la Audiencia de Lérida la que le dice a los responsables del Museo Diocesano de Lérida y a la Generalitat que los ‘bienes de la Franja son patrimonio histórico aragonés’. Como también lo son las tres piezas de Peralta de Alcofea y Berbegal.

 

A este contencioso hay que sumar las pinturas murales de Sijena; pinturas de la Sala Capitular que datan de principios del siglo XIII. Una parte de ellas se perdieron durante el saqueo y el incendio del Monasterio en 1936, y el resto fueron arrancadas y trasladas a Barcelona en 1960, y permanecen en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, que cuenta en su colección con un importante patrimonio aragonés depositado sin crédito suficiente.

 

Ante el fallo del Tribunal Constitucional, la Generalitat de Cataluña, a través de la Consejería de Cultura se reafirma en ‘su voluntad de protección de estos bienes como parte del Patrimonio Cultural de Cataluña’. Lo que significa lisa y llanamente que cree estar por encima de las leyes, e incluso del sentido común, porque los aragoneses tienen una larga historia y esos bienes son valores patrimoniales que están por encima de los tejemanejes políticos y de las opiniones interesadas de los que se creen que todo es suyo… aunque la realidad es que son parte de los pueblos, en este caso de los aragoneses.    

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