Amalia García Rubí
Viernes, 25 de septiembre de 2015
Madrid. Hasta el 7 de noviembre

Boyer Tresaco, severa impermanencia en Theredoom Galería

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[Img #22436]Muchos le conocen por su importante papel como crítico y comisario de exposiciones, los más como gran artista multimedia, y otros, por su singular faceta de poeta. Boyer Tresaco, este rara avis de nuestro tiempo que tan pronto se retira a meditar a la sombra del ciprés, como blande los estandartes de la batalla en primera línea del frente, no puede en ningún caso pasar desapercibido en estos días de ajetreo expositivo en Madrid, ni tan siquiera cuando se empeña en ir de incógnito tras sus gafas coloreadas, su guardapolvo y su sombrero de ala corta a lo Colombo. De aquella vida de enclaustramiento voluntario en el campo puede que conserve, además de la barba, su espíritu de pacifista convencido y también cierta austeridad en los modos, el habla lenta pero contundente y un aire de ensimismamiento permanente que roza el dandismo. Si acertamos a entender que algunos años antes de dedicarse al Arte había estado trabajando como auditor oficial de cuentas desde su calidad de economista, y que aquella estresante actividad en las finanzas precipitaron su renuncia definitiva a lo pecuniario, no nos será difícil meternos en la piel de Boyer Tresaco, aunque ello suponga exponer nuestras mentes al revulsivo brebaje de lo cruento e impúdico de muchos de sus proyectos.

 

“Sólo tu ausencia permanecerá para siempre”, es el título del bello poema escrito por Boyer para introducir y acaso enternecer con sus figuras bien trabadas: antítesis, oxímeron, pleonsamos, metáforas, la acidez que se esconde en esta exposición, a la que, por otro lado, no haría falta otro soporte que su propia métrica visual para impactar o al menos desconcertar al espectador. Convencido del papel sarcástico del arte, el arbitraje del artista no se limita a presentar objetos, dibujos, grabados, pinturas, esculturas o elementos audiovisuales de forma pasiva, sino que con su silencio atronador interviene e incluso violenta el espacio hasta hacerlo provocadoramente irrespirable. Existe una intención de juicio consciente que viene a replantear una vez más cuál debe ser el papel del arte. ¿Cuánto de ideología o de compromiso moral existe en los mensajes de esta “Severa Impermanencia” lanzados como dardos envenenados para que logren con extirpar de raíz todo el mal que asola la política, la religión, las instituciones infestadas de vicios, etc., etc.?. Si el objetivo de esta muestra es o no el de lavar conciencias y entonar el mea culpa o simplemente pretende exponer unos hechos concretos que nos llevan a reflexionar acerca de determinadas cuestiones actuales y corroborar así la podredumbre del mundo (algo nada nuevo, por otro lado)… quizá sea lo menos relevante en esta exposición. Me quedo con el papel trascendente de un arte, el de Boyer Tresaco, que revela otra lectura mucho más rica e intemporal. Los guiños a un conceptualismo mágicamente revivido en sus solapados homenajes a Beuys, Kounellis, Wols… Me quedo también con la excelente gama de expresionismos rememorados, el manejo de materiales diversos, la pulcritud excelsa de las facturas, la variedad y agitación romántica de los grabados y toda su obra bidimensional. Me quedo con lo múltiple pero también con lo permanente de su hondura expresiva, con ese Boyer artista hasta la médula, poeta, soñador utópico mucho antes que con el ideólogo o teorizador de coyunturas. 

 

En Galería Theredoom, c/ Doctor Fourquet 1-3, de Madrid. Hasta el 7 de noviembre de 2015.

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