Amalia García Rubí
Miércoles, 2 de diciembre de 2015
Madrid. Hasta el 16 de enero de 2016

María Bueno y Carmen la Griega, en la Galería Pérez Hernando

[Img #23122]Cuando se encuentran dos artistas en esencia similares porque ambas conjugan la plástica con otras maneras de expresión artística tan directa como el teatro y sus múltiples juegos de representación, ocurren exposiciones que se diferencian del resto. María Bueno y Carmen la Griega han elegido sendas paralelas que nunca convergen pero que sí son susceptibles de situarse una al lado de la otra. De ahí el sentido de esta doble exposición en la galería Rafael Pérez Hernando.  

 

Por un lado, la obra de Carmen la Griega es fruto de un tiempo pasado, dejado atrás y de algún modo purgado a través de cierto psicoanálisis emocional. A menudo la figura antropomorfa,  sufriente y heroica es el icono fabricado con lo básico y surgido de manera natural, desde lo monstruoso visionario hasta lo humorístico razonado. Un rollo de papel de estraza, una tiza, un carbón; las manos escriben, dibujan, frotan… y  la imagen se revela frágil pero nítida como en el vaho de un espejo. Luego viene el asombro frente a lo plasmado y de ponto, todo parece clarificarse. A cuanto se ha ido creando en un estado de ensoñación, acompaña a veces el dolor de lo vivido pero también la conciencia del poder curativo del arte. Carmen la Griega trae al mundo seres con nombre, como los actores de un teatro ambulante. Detrás del universo del subconsciente asoma la sencillez o complejidad de cada jornada vivida, el discurrir de los días, tan iguales y tan distintos. Los personajes y su disfraz adquieren presencia inequívoca en la soledad del espacio, haciendo honor a una interminable realidad transfigurada como aquella que de manera magistral pintó Odilon Redon, un artista al que Carmen admira.

 

Por su parte, María Bueno vuelve a la carga con sus amalgamas de teatrillos portátiles, rompecabezas para historietas desplegables, maletas de viaje, cartapacios, figurines, vestuarios y demás enseres de atrezzo convertidos en una pequeña gran obra de arte. Y lo hace manteniendo la frescura habitual del dibujo iluminado por alegres colores, los artilugios móviles y las instalaciones de papeles pegados transidas de simbolismo. Pero también convenciéndonos de la imposible disociación entre el arte y la vida. María Bueno nos guiña los ojos simultáneamente para atraparnos en las maravillas del surrealismo, donde todo es posible desde la mente prodigiosa del soñador. Inventa personajes y se arrima a heterónimos tan diversos como disparatados. Los cuentos imaginarios de Remedios Varo y Leonora Carrington le han servido de inspiración para crear sus propias historias voladoras en un sortilegio a tres bandas. El vuelo es la metáfora del sueño, del tránsito hacia lo onírico, quizá por ello María Bueno lo representa entre otras tantas modalidades fantásticas. Peligroso para algunos por su engañosa realidad, el viaje imaginario con sus avatares, combates y escenarios turbulentos o pacíficos, impregna toda la obra de esta artista malagueña empeñada en elevar a lo más alto la sólo aparente poquedad de sus materiales.  

 

Galería Rafael Pérez Hernando, c/ Orellana 18, de Madrid. Hasta el 16 de enero de 2016.[Img #23123]

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