José Pérez-Guerra
Domingo, 24 de enero de 2016

A España no se le puede convertir en un rimero de naciones

[Img #23474]Es normal que un político como Pablo Iglesia, que quiere conquistar el poder asaltándolo –su cielo esea ocupar-, declare que ‘quien no entienda la plurinacionalidad no puede liderar un proyecto de país…’, y para ello señala un ministerio con un nacionalista catalán al frente, porque así contará con apoyos necesarios para gobernar o cogobernar la nación en la que no cree. Y es que el señor Iglesias, profesor universitario de los que han entrado por puertas abiertas por manos amigas, pero ejerce como político de raíz soviética y es consejeros de regímenes totalitarios, no ha tenido tiempo de enterarse de que España es una de las más antiguas naciones del mundo y que esa unidad es fruto de una historia compartida; como una ciudad es un sumando de barrios y distritos; una familia de personas con experiencias y circunstancias distintas; al igual que una comunidad de vecinos, cada cual con su historia, porque hasta nuestro cuerpo es una diversidad con sistemas nerviosos o sanguíneos únicos.

 

Un señor que está colocado en la universidad como profesor, y por ello tiene sueldo, debiera conocer mejor la historia de la humanidad y de su propio país. Hispanos (o españoles) eran hace dos milenios Séneca, Mela u Osio que fueron figuras en tiempo del Imperio Romano; y de esa nación hispana, ya con el Reino Visigodo, fue San Isidoro de Sevilla (Isidoro de Hispalis) que en su Etimología señala que Hispania está formada por la Tarraconense, la Cartaginense, la Bética, la Lusitania y la región Galaica, con un más allá del Estrecho, la Hispania Tingitana. Tras la invasión musulmana, los hispanos se afanan por reconquistar su nación perdida, y a partir del reino de Asturias fueron surgiendo otros poderes en los que nobleza e Iglesia afirman estirpes que se van repartiendo los territorios para lo cual, más que las armas, se utilizan los enlaces matrimoniales; castas emparentadas de los cinco reinos, con las Marcas Hispánicas donde pasado el tiempo, siglo XII, se denominó Cataluña (poblaciones que se amparaban en los castillos, al igual que Castilla). Pero todos estos poderes se consideraron –siempre- hispanos. Hasta que por la vía matrimonial, y los parentescos, se logra una unidad: el Reino de Hispania, con los Reyes Católicos…

 

Pero es un puro disparate que en el siglo XXI, cuando la unidad (Hispaniaererum) ha recorrido cinco siglos, ciertos partidos políticos, con las mismas pretensiones que la nobleza medieval, resuciten una división en sentido taifa, donde se afirme la desigualdad y nadie se entienda; porque eso, al multiplicar los aparatos gubernativos, de territorios convertidos en naciones confederadas, ofrece cargos y prebendas a los políticos de carrera, sean de la ‘estirpe’ que sean. Es la maturranga trasnochada de la España federal (no se federa lo que está unido porque eso contribuye e disgregar) que Pablo Iglesia (II) quiere llevar aún más lejos con su Plurinacionalidad, algo así como alcanzar un paraíso semejante al que fuera la URSS, en versión República Soviéticas Hispanas… que, por cierto, no es nada original, porque en la II República la organización de Comunidades Autónomas estaban encaminadas a ello.

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