Amalia García Rubí
Lunes, 15 de febrero de 2016
Madrid

Anthony Caro, “Arena Pieces” en la Galería Álvaro Alcázar

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[Img #23651]Entrar en las salas de la galería Álvaro Alcázar estos días supone sumergirse en una atmósfera de recogimiento sacro. Iluminadas con una luz directa y cálida, dispuestas ordenadamente sobre altos podios, descansan las iconoclastas imágenes-esculturas de Anthony Caro. Un conjunto espléndido que el artista británico dedicara en los años 90 al maestro protorrenacentista Giotto di Bondone, el más famoso fresquista y escultor, además de arquitecto, que ha dado el Trecento italiano. Caro visitó la llamada Capilla de la Arena en Padua, ciudad relevante del Véneto, donde a principios del siglo XIV, los Scrovengi mandaron erigir al maestro florentino una pequeña iglesia para expiar los pecados de su patriarca, Enrico. Considerada la cumbre de la pintura mural del medioevo, esta obra maestra del naturalismo gótico de Giotto, narra varios episodios bíblicos de la vida de Jesús, así como otros del Antiguo Testamento, el Juicio Final, los Vicios y Virtudes, etc.

 

Cuando fue a Padua, Antony Caro debió de quedar fascinado ante la belleza de las imágenes, los colores naturales, azul ultramar, sienas, ocres y dorados, así como las vivaces composiciones de personajes y arquitecturas ficticias, lejos aunque no mucho ya, de la conquista de la perspectiva unifocal. Y decidió dedicarles una serie de esculturas propias. “Arena Pieces”, compendian la traducción abstracta tridimensional del insustituible mundo humano y religioso de Giotto. Ausentes de toda narración, las siete composiciones en madera pintada y encerada de esta exposición, son uno de los ejemplos más bellos y armónicos de los ejecutados por el artista inglés en su madurez. Con sus evocaciones arquitectónicas de leves guiños clásico-renacentistas, las construcciones llevadas a cabo por Caro en esta delicada selección de aquella serie más amplia de 1995, atraen nuestra mirada. Sus formas nos conducen por espacios y volúmenes ensamblados en verticales-horizontales, curvas y rectas, huecos, arcos y dinteles, geometrías fantásticas hechas para simular teatralmente (como lo hacían los primitivos italianos), precarias profundidades como ámbitos domésticos de lo que pudiera ser un divertimento en clave contemporánea sobre aquellos rudimentos de la “re aedificatoria” que un siglo después de Giotto, Alberti consideraba la mayor de todas las artes en sus tratados de arquitectura. Estas esculto-arquitecturas del gran Anthony Caro son indudablemente resultado de una reflexión profunda sobre aquel esplendor histórico convertido en obras de arte del siglo XX. Un ideal de belleza que funde las novedades de la escultura espacial posmoderna con la memoria humanista de aquel tiempo.

 

Galería Álvaro Alcázar, c/ Castelló 41 de Madrid. Abierta hasta el 31 de marzo.

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