Amalia García Rubí
Viernes, 18 de marzo de 2016
Madrid

Anke Blaue y Carlos Sánchez Alonso. Dos poéticas abstractas en Galería Marita Segovia

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[Img #23953]Anke Blaue y Carlos Sánchez pudieran no tener nada en común si miramos sus trabajos de manera independiente. Sin embargo, sus obras llegan a formar una simbiosis de inesperado equilibrio plástico una vez que cohabitan en el mismo espacio. El resultado es esta exposición en Marita Segovia que podríamos rotular como “lírica abstracto-geométrica en dos y tres dimensiones”. Pintora y escultor, respectivamente, son sus autores. Quizá esté de más hacer mención a la experiencia artística de sendos nombres, aunque ratificar dicha madurez creativa y su prospección en el tiempo, no sea en absoluto cuestión baladí. Precisamente en esa investigación progresiva han ido germinando esta piezas, cuantiosas en número y tanto más importantes en su factura, llegando a configurar un excelente elenco de telas monocromas y construcciones tridimensionales cuya base orgánica, en ambos casos, miran hacia una geometría, digámoslo así, humanizada, hecha consciente y sensitivamente, a nuestra medida.

 

Huelga mencionar, pero no me resisto a ello, caracteres de sobra conocidos en los trabajos de Carlos Sánchez como pudieran ser el tratamiento manual de la madera poco trabajada, escogida antes que transformada, de entre las formas que abundan en el entorno natural y doméstico del artista. Asimismo, el juego a menudo in extremis de los elementos mínimos dispuestos en ensamblados que acumulan equilibrios y tensiones cada vez más complejos y, en definitiva, un don innato del artista para convertir el material pobre o el desecho en parte esencial de la obra, hasta constatar una vez más, que la belleza puede sorprendernos de muchas maneras, siempre que sepamos mirarla de frente allá dónde el artista desgrana sus secretos. El punto de madurez alcanzado en estas últimas obras por Carlos Sánchez se manifiesta asimismo en la seguridad de factura que desprenden, en las combinaciones magistrales de llenos y vacíos, sombras y luces, superficies pintadas y vírgenes, rugosas y lisas, puras e irregulares… Todo ello, agasajado con la mejor de las líricas posibles, aquella que nace del proceder entregado y sincero del artista madrileño.

 

Anke Blaue nos ofrece un especial recorrido por sus últimas creaciones sobre lino antiguo, en una serie de piezas en formatos variados tendentes casi siempre al desarrollo rectangular, a menudo limitado por leves intersecciones lineales provocadas por la textura del soporte o por las mismas gradaciones cromáticas. La pintora alemana ha logrado un trabajo de indudable delicadeza técnica, donde la expresión mínima de un solo color y sus leves matices lumínicos, deriva en la idea de abstracción como expresión universal del todo. La singularidad de esta gran artista germánica, cuya obra viene postulándose con fuerza en nuestro país, no es tanto la del empleo casi único del color como revelación pura del arte, sino la manera de unificar su materialidad en el plano. La urdimbre de la tela penetrada por las capas diluidas de pigmento, juega un papel esencial en la transmisión de una poética reduccionista nada fría o distante, sino al contrario provocadora de sensaciones táctiles y visuales que sugieren estados emocionales contenidos, además de una belleza sumamente amable y asequible para nuestro yo subjetivo. Una obra destinada a la contemplación pausada que nos remite a grandes pintores abstractos del siglo XX, desde Rothko a Anish Kapoor.

 

En galería Marita Segovia, C/ Lagasca 7, de Madrid. Desde el 14 de marzo.[Img #23954]

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