José Pérez-Guerra
Sábado, 4 de junio de 2016

Por la senda de Babelia se quiere alcanzar los míticos países catalanes

[Img #24542]Los partidos independentistas catalanes, con sus sucursales en las comunidades valenciana y balear, tratan por todos los medios en los territorios considerados países catalanes acabar con la lengua común que es el español hablado por más de 500 millones de personas en el mundo, y también con las lenguas autóctonas, ya sea el valenciano, el mallorquín u otras hablas que son bienes patrimoniales porque en ellas se entendieron las gentes desde que el latín derivó al Román Paladino, el latín hablado por el pueblo. Y de eso hace muchos siglos; los romanceros –castellano, gallego, catalán, valenciano, portugués, mallorquín…-, cada cual con sus singularidades, muy cuidadas por los poderes de la era medieval, cuando la Hispania cristiana era un conglomerado de reinos y condados en manos de estirpes familiares, y Al Andalus, territorio musulmán, un rimero de taifas. Porque siempre dividir ha sido rentable para los que ejercen el poder, nobles de entonces o políticos de la situación ahora. La división costó a los musulmanes la pérdida de poder y finalmente la expulsión; y a los cristianos ‘eternizar’ la reconquista… desde el siglo VIII al XV.

 

En Baleares, se despide del trabajo a quien no habla catalán, aunque se comunique en mallorquín y también en la lengua común: el español. Pero los sucursalistas mallorquines de la Cataluña imperial, la de los independentistas que sueñan con hacerse con dominios que fueron en la era medieval de la Corona de Aragón, tratan que el catalán sea la lengua oficial y única… Y esa política de exclusión se intenta imponer en la Comunidad Valenciana. En la prensa hemos leído que el Ayuntamiento de San Baudilio de Llobregat (Barcelona), donde la inmensa mayoría de sus habitantes hablan español, establece el catalán con lengua única en el protocolo municipal, y eso lo hace una corporación del PSC, socialista, ignorando a los ciudadanos.

 

La situación es extremadamente grave porque la intolerancia nacionalista está llevando a determinados territorios españoles a una especie de Babelia donde será muy difícil entenderse, y por ello progresar en un mundo cada vez más interrelacionado, donde nuestro idioma común desde hace siglos, el español,  es oficial en una veintena de naciones, y con el inglés una poderosa herramienta de comunicación en el mundo. El castellano o español, el romancero que adquiere talla universal y que es lengua en esos territorios desde hace siglos. Y la prueba del algodón está en los periódicos y revistas que desde el siglo XVIII se han ido publicando en Cataluña: El Diario de Barcelona fundado por un empresario balear antes de la Guerra de la Independencia, o La Vanguardia, y la práctica totalidad de los periódicos catalanes de los siglos XIX y XX, que se redactaban en español porque era la lengua de sus lectores…

 

Hay que ser muy inculto, o ser ciego independentista de pura cepa, para mantener que el castellano llegó a Cataluña con los emigrantes, y que se impuso durante la dictadura de Franco, lo que se califica como ‘colonización lingüística’. Pero ya lo dijo Vargas Llosa: el independentismo es una incultura.

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