José Pérez-Guerra
Miércoles, 9 de junio de 2010

Se abrirá al público por intereses políticos

La Cueva de Altamira en clave oportunista

[Img #2722]Todo parece indicar que el presidente del Gobierno Autónomo de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, tiene prisa para presentar triunfos y hacerse fotografías antes de que se celebren elecciones. De ahí sus gestiones ante el ministro de Fomento, José Blanco, y el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, en relación con las obras de la línea del AVE que deberá unir Santander con en centro peninsular; y las gestiones soterradas que han dado lugar al anuncio de la reapertura de la Cueva de Altamira, que defiende “a capa y espada” porque su cierre, cuando hay nueve cuevas en Cantabria declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, “tiene un efecto demoledor”. De ahí que, conociendo de antemano esta concesión del Gobierno de España como mal menor, el mediático pero “sencillo” Revilla –quien utiliza para ir a la Moncloa un taxi tras avisar a los medios de comunicación encargados de difundir el acontecimiento con todo lujo de detalles- se propone invitar al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, para que sea el primer visitante tras la reapertua; y para eso, dice, “ya tengo redactada la carta. Y en inglés”. A lo mejor Obama viene y el señor Rodríguez Zapatero le acompaña en la visita pensando que “Altamira bien vale una misa”.

Altamira está considerada como “la capilla sixtina del arte rupestre”. Fue descubierta en 1868 por el naturalista Marcelino Sanz de Sautuola; en 1917 se abrió al público, y en 1924 fue declarada Monumento Nacional. En los setenta se detecta un deterioro y se aconseja su cierre en 1977; en 1979 el Ministerio de Cultura asume su gestión y en el 82 se reabre al público. Es declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985 y en 2002 vuelve a cerrarse ante el grave deterioro que sufren las pinturas.

La cueva estuvo habitada hace 22.000 años. En este hábitat se convivía y se trataba de describir y de comunicar afanes y necesidades que quedaron pintados en las paredes. Para preservar este patrimonio singular se creó el Nuevo Museo de Altamira y la réplica de la sala de los bisontes. Pero ahora, cuando Revilla exige algún ‘triunfo que trascienda’, se anuncia la reapertura tras establecerse, por un grupo de trabajo, junto al CSIC, el “régimen de visitas”. Para José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira, “si se ha conservado más de 22.000 años es porque estuvo siempre en condiciones estables y favorables, con la cueva prácticamente cerrada”. Otra opinión cualificada es la del vicepresidente adjunto de las áreas científico-técnicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, Juanjo Damborenea, quien advierte: “No hay una proyección, pero desde que se empezó a visitar la cueva en los años 50, se vio que en unas décadas el daño era alarmante. Si se extrapola esa situación, en otros 50 años las pinturas podrían dejar de existir”.

La mejor gestión para preservar el patrimonio rupestre de la Cueva de Altamira será aquella que divulgue su tesoro sin ponerlo en peligro; autorizando la entrada a científicos e historiadores, y dejando que la “neocueva” o réplica exacta, cubra la demanda del público. Al señor Revilla lo que le ocupa y preocupa es que el turismo tenga en Altamira, con el AVE en funcionamiento, uno de sus grandes atractivos, que se sumaría a otros de esta tierra entre la mar cantábrica y la montaña. Utilizar Altamira para unos fines políticos, con Obama en la foto, pasa de las ocurrencias de las anchoas, el taxista presentado a Zapatero o las del sainete de un natural ensayado. Este patrimonio no les pertenece a los políticos de turno; ni siquiera es de todos nosotros: pertenece a la Humanidad...

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