José Pérez-Guerra
Miércoles, 16 de junio de 2010

Ante una nueva cesión de Soberanía

El Plan Nacional de Arqueología Submarina es todo menos Nacional

[Img #2779]El Ministerio de Cultura abre el “Libro verde” del Plan Nacional de Arqueología Submarina, consciente de que urge realizar la carta arqueológica de los fondos marítimos del espacio español, para conocer, estudiar y proteger, un patrimonio cultural que, como tal, corresponde a todos los españoles; riqueza en usufructo a transmitir a las generaciones futuras. Para llevar a cabo este empeño ya se firmó el año pasado un convenio entre los ministerios de Cultura y Defensa, tendente a que buques de la Armada fuesen empleados en estas acciones científicas, en la que los expertos del Museo Nacional ARQUA, de Cartagena, tendrían uno de sus mayores retos profesionales.

La puesta en marcha del Plan Nacional de Arqueología Submarina se ha ido retrasando porque, de entrada, el gobierno de la Junta de Andalucía, amenazó con un conflicto de competencias si no se tenía en cuenta su capacidad de decidir. Y el texto inicial del “Libro verde” ha ido sufriendo modificaciones para atender los imperativos soberanistas de unas autonomías nacidas para administrar mejor desde la cercanía, que para disputar competencias a un Gobierno central que es el de la Nación española.

Las comunidades autónomas son entes territoriales, y carecen de espacio aéreo y de aguas jurisdiccionales fuera de sus límites. De ahí que el Gobierno de España, de toda, no debiera ceder a unas partes de la Administración del Estado responsabilidades que sólo a él competen: el tráfico aéreo y marítimo, la red ferroviaria, la red de carreteras principales, la exploración de los fondos marinos.... y otras cuestiones más que ese mismo entreguismo ya señalado ha consentido que en España no se enseñe la historia de España sino un sumando de parcelas; se ‘machaque’ el idioma común, que es el español o castellano; y la sanidad o la justicia tengan más interés político que social, porque perjudica a una población que en cualquier parte tiene –sobre el papel de la Constitución- los mismos derechos y deberes.

Las comunidades autónomas costeras quieren tener sus propias aguas marítimas; desean que el Gobierno de España las equipe con buques de la Armada (sin coste alguno para ellas, claro) y se investigue a tenor de sus exigencias, con inversiones de los Presupuestos Generales del Estado. Y que los hallazgos pasen a sus museos. Olvidan que lo que hay más allá de sus litorales queda fuera de los límites autónomos; y que la cultura, los patrimonios, forman parte de la esencia y la realidad de España como nación soberana, con sus espacios aéreos y sus aguas jurisdiccionales, que tienen suelos y subsuelos con huellas fenicias, griegas, romanas, musulmanas, hispanas y de otras culturas, un patrimonio histórico que forma un gran libro que, pieza por pieza, hoja por hoja, se intenta conocer, rescatar y conservar para un mejor conocimiento de la aventura humana desde nuestra parcela en el mundo.

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