José Pérez-Guerra
Lunes, 12 de septiembre de 2016

La ‘diada’ es una farsa que ofende la memoria de Rafael de Casanova

[Img #25237]Se monta como homenaje de los independentistas catalanes en torno al monumento de Rafael de Casanovas, presidente del Consell del Cent de Barcelona (algo así como el Ayuntamiento) en 1714, cuando la ciudad que había tomado partido en la Guerra de Sucesión a favor del pretendiente archiduque Carlos de Austria, resistía al acoso del heredero de la Corona de España por testamento de Carlos II, el primer rey de la Casa de Borbón. Rafael de Casanovas, defensor de Portal Nou, ordenó publicar un bando el 11 de septiembre de 1714, en el que se exhortaba a los barceloneses: ‘TODOS LOS VERDADEROS HIJOS DE LA PATRIA, AMANTES DE LA LIBERTAD, ACUDIRAN A LOS LUGARES SEÑALADOS, A FIN DE DERRAMAR GLORIOSAMENTE SU SANGRE Y VIDA POR SU REY, POR SU HONOR, POR LA PATRIA Y POR LA LIBERTAD DE TODA ESPAÑA’. Y ante el monumento erigido a Barcelona a Casanovas, los independentistas se manifiestan como si aquella contienda hubiese sido el origen de un nacionalismo rupturista. Lo que no es solo una ofensa al personaje ‘presuntamente homenajeado’ sino a la inteligencia de cualquier ser racional, porque lo que en la Guerra de Sucesión se ventilaba era quien debía ser rey de España.

 

Cataluña nunca tuvo autogobierno hasta que en tiempos de la II República se constituyese la Generalitat, que tras la dictadura franquista, vuelve con la Constitución vigente. Pero la división es rentable para los mandamases, desde la nobleza del Medievo buscando sus propiedades a costa de la plebe, hasta políticos de la situación que esperan hacer carrera y fortuna en una división taifa. Y alimentan las diferencias para hacerse de argumentos. A la Guerra de la Independencia, cuando Napoleón invade España, le llaman Guerra del Francés; y consideran que la Guerra Civil, 1936-1939, era contra Cataluña, cuando fue un vergonzoso enfrentamiento entre españoles en un momento en que el ‘cainísmo’ se acentúa. Catalanes lucharon en ambos bandos; en las Brigadas de Navarra, bando nacional, había más catalanes que navarros; de Cataluña se marchaban como podían familias enteras a Francia para ponerse a salvo de los ‘paseos’ que acaban en fusilamientos… y Burgos, donde Franco tuvo su primer asentamiento, fue meta de bastantes catalanes…

 

Terminada la guerra, en Madrid, el régimen se asienta con el apoyo de personalidades de todo el territorio español, predominando en cargos de responsabilidad y representación lo catalanes: en el capo económico ministros como Demetrio Carceller, fundador del INI; en el eclesiástico el cardenal Pla y Daniel, en Toledo; en el cultural, Xavier Salas como director del Museo del Prado… y el arte se anima con el Salón de los ONCE, de Eugenio d´Ors, que muestra por primera vez la obra de Tápies en Madrid el año 1949, también la de Tharrats y otros muchos, cuando la galería Biosca, del catalán Aurelio Biosca, marcaba pautas… y podíamos agregar cientos de nombres, hasta en los deportes, comandados por Samaranch.

 

El independentismo catatán se asienta sobre grandes mentiras, consciente de que los mitos acaban generando realidades y que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad, como se señalaba en la cúspide del nazismo, que no era más que un nacionalismo que creía en la superioridad de la raza aria… y algo de ello tienen estos ensoberbecidos políticos rupturistas. No hay más que oírles hablar… como papagayos entrenados.

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