A.G.R.
Lunes, 12 de septiembre de 2016
Hasta el 30 de septiembre

Alfredo Díaz Faes presenta su obra en Madrid de la mano de la Galería Orfila

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[Img #25241]Alfredo Díaz Faes es un pintor de vocación tardía y no por ello menos merecedor de atención, sino todo lo contrario. Su obra posee la franqueza de quien se sabe consciente, por su madurez, de las dificultades que la práctica del arte entraña. Desde esa capacidad de entender los problemas internos de la pintura, Alfredo Díaz Faes ha logrado una manera de hacer personal, espontánea e intuitiva. Una obra que ha sido ya objeto de excelentes críticas y reconocimiento en su tierra natal, Asturias, y que ahora trae a Madrid de la mano de la galería Orfila.

 

En esta primera individual madrileña, el artista ovetense muestra el resultado del último año, con cuadros de todos los formatos, entre cuyas metas plásticas, a las que recientemente se ha enfrentado el pintor, adivinamos el ojo de un magnífico colorista, además de descubrir una inteligencia despierta y cultivada en determinados hitos de la historia del arte. La viveza de estas pinturas, algunas abordadas en amplias superficies y ejecutadas en técnicas mixtas a partir de las mezclas de pigmento con  fibra de vidrio, descansa en la armonía cromática de las distintas paletas que maneja, ya sea en tonalidades frías o cálidas, brillantes o tamizadas,  donde suele haber un tono dominante a partir del cual se desarrolla todo un espectro de gamas de color altamente sugestivo.

 

Entre las obras encontramos cuadros como el titulado “Bajo el Mar”, de composición sencilla y esquemática y sin embargo preñados de insondable misterio literario, poético. Otros son plácidos paisajes acuáticos de líricas resonancias simbolistas. En “El Salto”, cuadro estrella de la exposición, las referencias impresionistas a los jardines monetianos parecen de naturaleza más introductoria que contextual, pues el camino elegido por Faes vindica cierta dosis de expresionismo abstracto acorde con los gustos de la modernidad posvanguardista. Lo mismo ocurre en “Otoño II”, cuyas brumas rojizas de un crepúsculo casi infernal tiene tanto de homenaje a la sublimidad romántica turneriana como de singular ensayo pictórico entorno a la idea intemporal de vacío efímero o totalizador.

 

La alternancia de cuadrados de colores puros abre otro apartado muy diferente en los intereses plásticos de Díaz Faes, ahora atraído por la sinestesia mágica de artistas como Paul Klee, Kandinsky… El juego de formas-colores esenciales sobre el blanco abismal del lienzo parece una llamada a la ingenuidad y la inocencia perdidas, pero también posee ciertas asimilaciones históricas de las teorías “bauhuasianas” sobre las correspondencias sensoriales entre música y color.

 

Galería Orfila, c/ Orfila 3. Hasta el 30 de septiembre.

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