José Pérez-Guerra
Viernes, 7 de octubre de 2016

Los socialistas catalanes proponen reformar la Constitución en sentido táifa

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[Img #25459]El PSC, liderado por Miquel Iceta, ha presentado en el Parlamento de Cataluña una propuesta en la que aboga por la reforma de la Constitución vigente que lleve a un federalismo, en el que se reconozca la plurinacionalidad del Estado y a Cataluña como nación, una sinrazón que encaja mal con un partido que debiera centrar su estrategia política en la igualdad de derechos y obligaciones rompiendo muros que separan. No nos extraña que Miquel Iceta ‘baile’ (lo hace hasta en los mítines) al son de los independentistas porque es una música que animó a gobiernos como el de Montilla-Carol Rovira (un andaluz (de Iznajar) reconvertido, y un catalán que se desprendió de su apellido paterno, Pérez, para agenciarse el de Carol que le entroncaba con la nobleza carolingia… y todo ello muy en la onda del PSOE al que en realidad solo le queda la P y la S.

 

España, señor Iceta, no puede ser un estado multinacional porque nunca han existido naciones que federar. Y la Cataluña actual, tierra de la Tarraconense durante la Edad Antigua, ocupada por los musulmanes y reconquistada por los cristianos en principio carolingios, del Santo Imperio Romano y Germánico, y después estirpes nobles, más tarde parte de la Corona de Aragón, y tras la unión por vía matrimonial de Aragón y Castilla, parte del Reino de España. Y esa es la verdadera historia.

 

Hablar de pluralidad es una entelequia porque todo en la vida es PLURAL, ya que la unidad es un sumando: miembros, célula o átomos. Lo es nuestro cuerpo que se ‘gobierna o administra’ mediante sistemas generales como el nervioso o el sanguíneo; nuestra familia donde cada cual tiene su historia y compromisos; la comunidad de vecinos o la ciudad en que vivimos, con sus barrios, espacios privados y comunes… El término nación es de la Edad Moderna, porque en las anteriores había ‘propiedades de estirpes’ que aumentaban o disminuían a tenor de compromisos matrimoniales o conquistas, sin que las poblaciones, la plebe, importase para nada además de servir o trabajar. Y de esos vestigios nobiliarios tratan de sacar tajada los fervorosos federalistas, sin darse cuenta que lo más antinatural y por ende antisocial es el divisionismo táifa, aquel que fue tan rentable para las castas dominantes durante milenios y es acariciada por castas políticas de ahora lo ‘bailan’ (Iceta lo hace muy en esa onda) buscando sus predios: quieren hacer carrera y si es posible estirpes dominantes. La eterna cuestión.  

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