José Pérez-Guerra
Jueves, 20 de octubre de 2016

Los pilares de Europa, del mito a la realidad

[Img #25558]El centro cultural CaixaForum Madrid, presenta hasta primeros del próximo mes de febrero la exposición ‘Los pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum’, en la que se siente el ritmo de unos tiempos en los que se trazan los caminos de una realidad cultural. Desde los tiempos míticos, cuando se produjo el Rapto de Europa en aquel remoto en que los dioses y los humanos se movían con alas de fantasía, hubo un caminar o navegar que fue dejando huellas; pisadas que fueron haciéndose visibles hasta señalar caminos en una antigüedad de necesarias interrelaciones por tierra o mar; fenicios, griegos y cartaginense con la emergencia romana que alcanzó desde el cercano Oriente hasta el Occidente: Hispania, las Galias, Germania e incluso Britania, un imperio multicultural que a causa de sus divisiones, cuando se peleaban por el poder hasta cinco emperadores, se desmorona ante los llamados Bárbaros que establecen sus monarquías.

 

En las Galias los carolingios se hacen notar. Carlos Martel que venció a los musulmanes; era un señor poderoso en la corte franca, al que sucede su hijo Pipino que acabó destronando a su rey estableciendo la monarquía carolingia,  que heredo Carlos cuya corte en Aquisgrán se convirtió en un centro cultural trascendente. Reino que se agranda por la vía matrimonial, hasta el norte italiano. Fue cuando Carlos, Carlomagno, asiste al culto de Navidad en la Iglesia de Roma –año 800- y el obispo de la antigua capital del imperio romano, le coloca sobre su cabeza una corona, nominándolo Emperador del Sacro Imperio Romano y Germánico, ritual que los fieles aplauden entusiasmados, porque nace un Imperio con la voluntad de restablecer el Imperio Romano en Occidente y de ir más allá buscado en Germania la unidad de toda Europa, en la que Carlomagno sería Emperador, y el Obispo de Roma, el Sumo Pontífice que aunara todos los obispados, una iglesia universal y por ende Católica.

 

Con Carlomagno se establece una especie de Unión Europea; un poder de poderes, de reinos, condados y señoríos, dentro del Sacro Imperio Romano y Germánico, porque ‘todo el poder venía por la gracia de Dios’. Un imperio en los inicios de la Edad Media, cuando los musulmanes no solo se consolidan en la vieja Hispana, sino que tratan hacerse con Europa, la Europa que se comunica, que establece vínculos de poder a través de muchas estirpes, con un Sacro Imperio que si bien no consolidó un poder omnímodo, aunó culturalmente el continente –románico o góticos-, situó a sus órdenes monásticas como avanzadas no solo en la pureza de la fe sino como sostén de poderes terrenales… Una edad de la que surge la Edad Moderna, y este tiempo nuestro en que se establece una Unión Europea impulsada por el Tratado de Roma, con la vista puesta en el futuro… y el fundamento humanista se ha ido consolidando desde el remoto mítico hasta ahora; desde que navegantes escandinavos, británicos, y de otros litorales europeos se interrelacionaron de mejor o peor manera, para después otros navegantes hispanos, de España y Portugal, descubriesen el más allá atlántico o el Pacífico.

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