José Pérez-Guerra
Domingo, 6 de noviembre de 2016

El arte es siempre político: transmite realidades, creencias e imaginaciones

[Img #25700]En el MACBA de Barcelona se muestra ‘Gelatina dura. Historias escamoteadas de los 80’, y el Reina Sofía de Madrid ‘Ficciones y territorios’, exposiciones centradas en momentos históricos como la transición en España, de la dictadura a la democracia entre 1977 y 1992, y en la situación de un mundo en el que los viejos ideales entran en fricción, cuando se torpedea el estado-nación, y el emigrante es concentrado en campos de refugiados, o los anti-sistemas buscan instituir el suyo… y ese clima de entre-épocas se generaliza en los discursos de muchos aristas actuales.

 

Y es que el arte es siempre ha sido político, capta cada situación y expresa ideologías celestiales o terrenales. En el Paleolítico se pintaba o grababa figuras de la fauna y signos cabalísticos con sentido trascendente; si nos acercamos a nuestra cultura mediterránea, en Egipto los artistas estaban al servicio de los faraones y de los sumos sacerdotes que, muy juntos, trataban de influir en el más allá y en el más acá; y el arte griego sigue la misma senda, de la mítica a los poderes, senda que conduce a Roma con retratos de emperadores, y manifestaciones divinas. Arte romano y visigodo siempre en torno al poder. Durante la Edad Media, cuando el cristianismo se defiende de la invasión musulmana, el arte, centrado en lo sacro, fue románico y gótico; los artistas vivían en torno a las estirpes reales, en los monasterios o conventos… era la expresión de esta Edad. Como lo fue en el Renacimiento en torno a los Príncipes de la tierra, y en las cercanías del Papado… compartiendo lo sacro con lo terrenal, interpretando el santoral y retratando a los poderosos del momento; temática más abierta que se acentúa con la Reforma Protestante, cuando el arte se ocupa de la sociedad, y surgen los bodegones o las naturalezas muertas, y las flores alegran la pintura.

 

Reforma y Contrarreforma. El Barroco es una manera eficiente de recuperar la supremacía del arte sacro; y ahí está nuestro Siglo de Oro con las Crucifixiones o Inmaculadas…. Velázquez, Murillo o Zurbarán. Hasta que en el siglo XVIII se entra en una nueva época, viene la Revolución Francesa y recuerda que el mundo no es solo las estirpes nobles y los purpurados, que la Plebe en el hombre en sus afanes y pide paso… y el arte busca un neoclasicismo que se abre camino; viene el romanticismo y los ‘ismos’ que fueron marcando los siglos XIX y XX.

 

En España el arte estuvo apoyado durante la dictadura franquista porque era una ‘marca’ positiva en las bienales y otros encuentros internacionales, en un tiempo en que se impulsa a la creación y se crean instituciones como el Museo Español de Arte Contemporáneo, MEAC, de Madrid, y otros del mismo corte en distintos puntos de España; con la Democracia se sigue en la misma línea porque el arte es un activo cultural de muy largo recorrido. Arte muy en la onda de los sistemas, pero también en las primeras líneas anti-sistemas, ejerciendo la crítica y a veces dando pauta, como ahora en un momento histórico donde muchos quieren la revolución que facilite relevar a los que mandan para hacerlos ellos, cada cual con sus seguidores.

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