Amalia García Rubí
Lunes, 13 de febrero de 2017
Galería Theredoom (Madrid)

Yolanda Relinque, respirar a pleno pulmón

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[Img #26396]Cuando un artista no necesita de retórica, ni de apoyo textual, para llegar al espectador, entonces se produce un sincretismo inusual, casi inaudito, entre las partes,  entre el emisor y el receptor. Quien quiera que contemple las obras de Yolanda Relinque (y lo haga sin apenas información, con la mirada limpia, dispuesta a recibir) se dará cuenta en el acto de la intención, entenderá sin dificultad que se halla ante una declaración meditada de experiencias profundas.

 

Podríamos hacer un relato de pequeñas cosas, de historias propias o de notas biográficas. Decir que Yolanda Relinque pertenece a una arraigada familia de “tejedoras” malagueñas, que su interés por la costura le viene dado no únicamente por tradición, sino por una voluntad expresa de configurar mediante utensilios y materias primas de fuerte significado artesanal. Podríamos recordar aquí el ingrediente esencial de estas urdimbres, de estos retales en sus diferentes calidades, colores y texturas,  de estos tapices que penden de las paredes como para abrigar y dar calor… Podríamos en fin, señalar el sentido táctil a la vez que poderosamente visual  de una obra imposible de clasificar, donde la palabra queda empequeñecida hasta parecer insignificante, donde el procedimiento no ensombrece el resultado final, al contrario, lo engrandece y reafirma.

 

Al cabo, nada de lo dicho serviría para hacernos vivir, sufrir, llorar o sonreír interiormente junto a estas piezas creadas, fabricadas mediante aquello que Bourgeois concebía como escape esencial de una terapia beneficiosa y que en Relinque se traduce en una suerte de sentimientos encontrados sabiamente canalizados en cada escultura, en cada objeto encontrado o en cada papel dibujado con lo mínimo: desasosiego y paz, temor y coraje, tristeza y felicidad… Dibujar vísceras, pulmones, corazón, construirlas, coserlas, constituye quizás un acto consciente de exorcizar sin renunciar en ningún caso a la armonía, a la belleza primordial y originaria del arte, que nada tiene que ver con lo trémulo u oscurantista del surrealismo.

 

En este punto, creo que Yolanda Relinque, como quien fuera su maestro y mentor, Pedro Castrortega, ha asimilado de forma natural una manera de expresar la vida, sin más. Un reconocerse en el estado embrionario  para intentar alcanzar la inocencia “gauguiana” y distinguir así la huella neonatal que inexorablemente nos marca.  

 

Galería Theredoom, c/ Doctor Fourquet 1-3. Hasta el 18 de marzo

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