El periodista Fabio Islam denuncia en “Il Giornale dell´Arte” que el Museo Arqueológico Nacional de España (MAN), posee 22 piezas del patrimonio histórico italiano vendidas en el “mercado negro”, a la vez que señala con el dedo a los museos europeos que no cumplen con los requisitos de legalidad a la hora de adquirir piezas para sus fondos. Y, como ejemplo, al Arqueológico Nacional, sede de Madrid, se le señala una ánfora metálica de 22 cm con un ciervo herido, que data del siglo VII antes de C.; un ‘oinochoe’ etrusco del 600 a. de C.; y un ánfora con figura en negro atribuida a Priamo, siglo sexto a de C...
Estas obras llegaron al MAN el año 1999, cuando el Ministerio de Cultura adquirió por un montante de 2.000 millones de pesetas (12 millones de euros actuales) la Colección Várez Fisa, formada por 183 piezas de culturas mediterráneas (egipcia, griega, romana, ibérica), fondo excepcional que el coleccionista español fue reuniendo a través de compras en el comercio de antigüedades y en salas de subastas, entre ellas las de Sotheby´s y Christie´s. Y que Várez Fisa tenía a disposición de los estudiosos y de los organizadores de exposiciones. Esta colección fue mostrada en una exposición comisariada por el entonces director del MAN, Miguel Ángel Elvira, documentada con un catálogo de medio millar de páginas ilustradas.
Este catálogo llamó la atención a los arqueólogos italianos Daniela Rizzo y Maurizio Pellegrini, que advirtieron que entre las piezas de la muestra había algunas que les resultaban conocidas, vistas anteriormente. Y se pusieron a investigar, y a relacionar con el hecho al anticuario italiano Giacomo Medici, que hasta que fuera descubierto en sus manejos ilegales, era un buen cliente de las salas de subastas internacionales Sotheby´s y Christie´s, que dieron salida, a numerosas piezas de su almacén.
Esta denuncia que la publicación italiana señala con el titular “¡Es una trampa!”, salpica a los Gobiernos permisivos con un tráfico de obras patrimoniales que “dispersan” discursos abierto al conocimiento, como si se arrancasen las páginas al libro de la historia y las sometieran al viento que mejor paga; a las salas de subastas que no cuidan la legitimidad de las procedencias; la depredación de yacimientos, robos de obras y tráfico sucio, con ofertas y demandas en el concierto. Pero hay que señalar que existe un coleccionismo limpio que busca obras en el comercio “con papeles en regla”, en anticuario o pujando por la pieza deseada, y a estos también había que proteger, porque son los primeros engañados, cuando son los mejores agentes de la conservación y divulgación de la Historia de la Humanidad, antecedentes de grandes museos.
Al MAN no se le puede denunciar por expolio, porque la Colección Várez Fisa se compró en mercado abierto, y divulgó sus piezas para conocimiento de expertos y público en general. Otra cosa es que en la compra-venta, en las subastas, se dieran salida a piezas expoliadas por poseedores anteriores. Y en este caso deberá abrirse una investigación y que expertos de los dos gobiernos, italiano y español, en el marco de la legislación internacional, aclaren el contencioso y determinen lo que debe hacerse.