José Pérez-Guerra
Jueves, 23 de marzo de 2017

Europa debe considerar, sin ambigüedades, que es objetivo de nacionalistas e islamistas

Enviar por email

[Img #26669]La Unión Europea iniciada con el Tratado de Roma -acuerdo básico para, tras las experiencias de un pasado de desencuentro entre los intereses nacionales, encarar un futuro basado en la concordia y el progreso-, sufre la acometida de un islamismo que, amparado en la religión, intenta conquistar los territorios de los ‘infieles’, y la estrategia divisionista del nacionalismo que busca desunir para así implantar dominios de partidos con claros beneficios para las castas políticas.

 

El islamismo, como dijo el dictador libio Gadafi, busca conquistar el territorio europeo con ‘el vientre de sus mujeres’, creando familias fieles para ir imponiendo la cultura musulmana; ‘nuevos europeos’ al servicio de una política colonialista en la que el terrorismo, morir por la causa, es un arma eficaz por su efecto multiplicador en un mundo marcado por la informática; como los atentados en España, Francia, Bélgica, Alemania, Reino Unido…, países que desde hace muchos años han acogido emigrantes islamistas y que ahora, en muchos casos, actúan como combatientes en esa primera línea musulmana.

 

Los nacionalismos, unos anti-europeístas y otros pro, buscan que el Viejo Continente resucite y alimente a las innumerables entidades territoriales que han sido a través de la historia, una pluri-europa babélica donde cada cual hable en su lengua y tenga todas las prerrogativas estatales, es decir, volver a la tribu, a los taifas, a los reinos y condados que fueron hilando la humanidad, porque destejiendo, la clase política (otra lucha de clases) prospera. En la Edad Antigua el Imperio Romano no resistió a los Bárbaros porque se debilitó cuando el territorio estaba en manos de cinco emperadores enfrentados; el Reino Hispano-Visigodo, con capital en Toledo, que se asienta sobre el poder de la nobleza, enfrentada por intereses de familias, no resiste la invasión musulmana; el Califato de Córdoba, que era la gran potencia de Occidente en el Medievo, se debilita cuando se divide en reinos taifas; y en la Reconquista se tarda más de 7 siglos porque los hispanos están divididos en cinco reinos, diversos condados y demasiadas regalías… Cuando se logra la unidad, Hispania ultima la Reconquista, se abre a Europa y se empeña en los descubrimientos de nuevas tierras y mares…

 

Europa tiene que centrar su preocupación en coordinar una respuesta a los dos grandes peligros que la amenazan. El futuro no puede estar en una Europa desunida (España, Francia, Italia, Bélgica… con empeños ‘secesionistas’), ni en ‘una guerra de religión’ con intereses terrenales, sino en un continente de libertades, donde la convivencia y el progreso vayan de la mano…

Enlaces automáticos por temática
InfoENPUNTO • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress