En la reunión anual de directores del Instituto Cervantes, celebrada en Alcázar de San Juan, el Príncipe de Asturias afirmó que los países con idiomas universales “disponen de sobresalientes ventajas comparativas, pues sus emprendedores pueden crear más fácilmente nueva riqueza, empleo y bienestar social”, y apostó por el empleo de las nuevas tecnologías, ya que “las lenguas se juegan gran parte de su futuro en Internet, y el uso del español puede crecer aún con más fuerza en el mundo digital”. La directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, dio a conocer las conclusiones recogidas en la Declaración de Alcázar, en las que se puntualiza que el español debe ser también la lengua de la tecnología y de la ciencia; de la comunicación, relaciones comerciales y financieras. Es la herramienta con la que se entienden cientos de millones de personas en muchos lugares del mundo, con el inglés, la segunda lengua del mundo occidental.
En este clima en que el castellano se respira como lengua común de una cultura que arranca del román paladino, se curte en los romanceros y rebosa los límites hispanos con el castellano, el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha, José María Barrera Fortes introduce un oportuno factor político al señalar que “la patria es el idioma y el idioma de Cervantes es el idioma español”, afirmando, a continuación, que el poeta alcacereño José Corredor-Matheos, residente desde hace años en Barcelona “demuestra que se puede ser manchego de nación y catalán de adopción sin ningún problema”, con lo que se apunta al disparate-zapatero de creer que una nación es una región, una comarca y hasta un barrio con características propias, como pueden ser Triana en Sevilla o Vallecas en Madrid.
Nuestro señor Don Quijote había perdido la razón leyendo libros de caballería. Y por eso confundía los molinos con gigantes. Pero que el presidente castellano-manchego juegue al equívoco, mencionando a un escritor que conozco y admiro, para “alinearse” con la política nacionalista del socialismo actual, es una agarradera ‘al como sea’, para seguir en la poltrona. Pero que el señor Barreda Fortes, vástago de una familia aristocrática y de terratenientes –nieto de los Condes de la Cañada- por parte de madre, y del acomodo en las Cajas Rurales auspiciadas por Domingo Solís, del sindicalismo vertical, por vía paterna, se declara Socialista nada menos que Obrero, ya es una osadía que podría enfadar hasta a doña Maria la Brava. Y más si le escuchase cantar, puño en alto, eso de los famélicos desheredados de la tierra, con letra y música...