José Pérez-Guerra
Domingo, 1 de agosto de 2010

Los toros ¿cultura o incultura?

[Img #3008]El Parlamento de Cataluña ha prohibido las corridas de toros en el ámbito geográfico de su comunidad autónoma. Con ello espera que “el derecho” de los animales sea respetado por la ciudadanía. Esta medida se toma tras largos debates políticos, y sesiones parlamentarias en las que, en una de ellas, se escucharon argumentos contrapuestos, uno de ellos ‘teatralizado’ por un intelectual concienciado que exhibió, para reforzar su argumento, una banderilla y un estoque –porque, ¡miran que son bárbaros los toreros!-; pero olvidó pinchos y cuchillos utilizados en las carnicerías de donde llegan los filetes que se come.

Para este ‘pensador’ el toreo es una barbarie, porque se hace sufrir al animal y se le mata. Pero no es barbarie que se engorden cerdos para la matanza, porque... algo habrá que comer. Y para colmo de despiste, el sabio de la ocasión no dijo nada del “derecho” de los peces a su medio natural cuando, para colmo de incultura, los pescadores los sacan con sus redes del agua donde ya fuera, con el aire, se asfixian... y cuando aún colean, los meten en sal con lo que debe escocer...

El toreo como profesión tiene poco más de dos siglos. Parte de festivales ciudadanos, en buena medida celebrados en plazas mayores de las ciudades. Y, guste o no, forma parte de las tradiciones que hilan la historia de los pueblos. Francisco de Goya, como afirmó Moratín, llegó a torear. Y durante su refugio en Francia era tan asiduo a las corridas que se le llamaba Don Francisco el de los toros. Por eso dedicó una de sus series de estampas al tema, “Tauromaquia”. Y Pablo Picasso, pintó algunos de sus primeros cuadros de niñez tras asistir, con su padre, a corridas celebradas en Málaga, su tierra natal. En Francia siguió con esta temática recurrente, asistía a festejos taurinos y era amigo de toreros. Y es que a lo largo de los dos últimos siglos el mundo de los toros impregna la literatura, el teatro y el cine, las artes plásticas y también el mundo de los negocios.

El toro de lidia no puede sobrevivir sin el festejo. Se le cría para eso. Igual que a otros animales se les destina al sacrificio, especies marinas y terrestres que suministran alimentos –también- a los que hablan del derecho de los animales. Aunque dicho sea de paso, es el género humano el que teniendo conciencia de sus derechos, se dota de leyes para defenderlos. Con la Naturaleza, flora y fauna, tenemos obligaciones, que es algo muy distinto. La obligación de preservar el medio ambiente, de mantener y acrecentar el patrimonio natural que sufre demasiado la ambición, y la negligencia, de los humanos. Y como última consideración: ¿quién es un gobierno para cambiar las creencias y las aficiones de una ciudadanía que debe ser libre por soberana?. El problema llega cuando socialismos y nacionalismo se proponen cambiar el destino de los pueblos... es cuando Nazionalismo se escribe con Zeta.

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