En el informe anual del Departamento de Estado del Gobierno de EEUU, correspondiente a la situación de los Derechos Humanos en el mundo durante el presente año, se denuncia la política de Educación en Cataluña, y la de Sanidad en Islas Baleares, al considerar que en ambos territorios se discrimina por razón de idioma. A las argumentaciones del informe ya han respondido el nacional-socialismo de ambas comunidades autónomas, negando la mayor, como no podía de ser de otra manera; porque ‘machacar’ al castellano o español dentro de España, donde es desde hace siglos lengua vehicular por común, es simple y llanamente una incultura, cultivada por quienes propugnan ahondar en la diversidad y romper así lo que la historia ha unido en su largo recorrido, que es tanto como querer conseguir en el tercer milenio lo que no fue ni en el primero, ni en el segundo.
Pero al normal rechazo de lo que está fuera de las necesidades, presentes y futuras, del género humano, tan en la estrategia nacionalista del divide y autoadministra, que eso genera una oligarquía en torno al poder, lo anormal es que el presidente del Gobierno de la Nación Española, José Luis Rodríguez Zapatero, aliente la situación presente e incluso se proponga ‘explicar’ en Washington la bondad de tales políticas. Y a su estrambótica explicación nos atenemos: “La convivencia en comunidades con cooficialidad de lenguas funciona razonable bien”. Y para poner la guinda, puntualizó que para “la inmensa mayoría de los ciudadanos” la situación es positiva. Da la sensación de que el señor Rodríguez Zapatero sigue en esa galaxia donde esperaba a Obama para ‘posarse’ (juntos) sobre la tierra y así empezar una nueva Era en la que las Civilizaciones sellasen la paz.
En Cataluña su socialismo ha derivado a un nacional-socialismo animado por catalanes de adopción, correligionarios y asociados que lo mismo pueden cambiar el apellido Pérez por el de Carod que cambiar la marca Montilla por el Priorato, porque todo vale. El socialismo se alza con el poder en Baleares y se erige en un núcleo de gestión de ese invento llamado ‘Países Catalanes’... Y para ello, porque no hay más cera que la que arde, se cultiva al romancero catalán como la crisálida del romancero valenciano o del mallorquín... elevándolo a consideración internacional.
En esa estrategia, lo importante es acabar (como sea) con el español, que es un incordio porque tras el inglés es el idioma más utilizado en el mundo occidental. Y porque siendo la lengua oficial de ‘todos los españoles’ (las restantes lenguas del Estado lo son también, o sea, además de) en sus respectivas comunidades donde son cooficiales, tiene raíces profundas. Pero la cooficialidad significa que son las dos lenguas. Y en Cataluña, y en Baleares, solo se admite una, desechándose, de hecho, el español o castellano, idioma materno, propio, de la mayoría de sus habitantes. Se discrimina en la función pública –enseñanza y sanidad- y trata de imponerse esa normativa por la vía de la imposición al Respetable, aunque sea vulnerando sus derechos.
El informe del Gobierno estadounidense ha puesto el dedo en la llaga. Y aunque se trate de argumentar una posible confusión, los hechos no dejan lugar a dudas. En España, aunque el presidente Rodríguez Zapatero lo niegue, se vulneran Derechos Humanos señalados en la Carta de las Naciones Unidad; se vulnera continuamente la Constitución (que él juró defender y cumplir), aprobada por la inmensa mayoría de los españoles en referéndum... y se siembra un divisionismo, apoyado en diferencias naturales o creadas artificialmente, que son el gran lastre para que España se levante y se ponga, otra vez, en marcha. Y lo peor es que esta Babelia acabará asfixiándonos o estallándonos en la cara.