José Pérez-Guerra
Martes, 16 de enero de 2018

Primar las diferencias lingüísticas solo conduce a una situación babélica

[Img #28550]La actual dirección de los socialistas asturianos, muy en la órbita ‘sanchista’, apoyada por Podemos e Izquierda Unida, pretende que el bable sea lengua cooficial a todos los efectos con el español, aspiración que comparte los nacionalistas y el Foro, partido que fundó Francisco Álvarez-Cascos cuando rompió con el PP y buscó nuevos caminos dentro del regionalismo.

 

En España las expectativas de la clase política buscan las máximas oportunidades posibles -y a veces imposibles- para hacer carrera e incluso crear estirpe. Miran las diferencias del Medievo, cuando el feudalismo de la nobleza se repartía la propiedad de los territorios y lograban que las poblaciones fueran de súbditos obedientes -la plebe que estaba para pagar tributos, trabajar y servir-. Y creen en eso de ‘divide y vencerás’ porque les conviene, aunque lisa y llanamente sea una incultura. Porque la Humanidad se ha ido formando comunicándose, agrupándose, haciendo equipo para abrir horizontes en el camino del progreso. El Imperio Romano se derrumba cuando varios emperadores se reparten los territorios haciendo posible la invasión de los llamados Bárbaros, que también desaparecieron del mapa por su divisionismo.

 

El Califato de Córdoba, que era en su tiempo el poder máximo en Hispania, empieza a decaer cuando se divide en Reinos Taifas, debilidad que no pudo aprovechar la resistencia hispana porque estaba dividida en reinos y condados, rivalizando entre sí, por lo que expulsar a los invasores musulmanes de su ‘Al Andalus’ encantado costó más de siete siglos. Y fue la unión de los reinos y condados a través de matrimonios políticos lo que hizo que Hispania lograse a ser una nación -HispaniaeRerum-; un poder que abre nuevas rutas, descubre mundos y se afirma como gran potencia europea. Con la lengua castellana, de la que se deriva en español, que se ‘hace mayor en las América’ para un mejor entendimiento, proporcionando sinergias. Tantas, que hoy el idioma español es un activo de indudable trascendencia tanto en lo económico como lo cultural. Un idioma internacional, como el inglés, hablado por más de 500 millones de personas.

 

Pero el idioma español, que se abre camino en todo el mundo, encuentra en España los mayores obstáculos. Nacionalistas y políticos retrógrados creen que para dividir el Estado lo mejor es no entenderse; prefieren que España se convierta en un conglomerado de naciones; taifados federados en una Torre de Babel en la que esperan contar con feudos para colmar sus apetencias. Y en eso están empeñados no solo en Cataluña, Baleares, País Valenciano, Vasconia, Galicia… y por lo que se ve también en Asturias, y hasta hay quien sueña con ‘la fabla’ en una zona de Aragón, y cualquier día se reivindicará el ‘silvo’ de Gomera o el castúo extremeño…

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