25-08-2010
Hostiga a Melilla para que España apoye su anexión del Sahara Occidental

El amigo marroquí

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José Pérez-Guerra

[Img #3126]En plena crisis con España por los sucesos de Melilla, el rey de Marruecos, Mahomed VI, se dirigió a sus súbditos para informarles sobre el proyecto de “regionalización avanzada” del territorio, otorgando “una autonomía a nuestras provincias del sur” para preservar “la soberanía del reino sobre todo su territorio nacional”, contando, claro está, el Sahara Occidental, del que, como puntualizó el año pasado, “no renunciaremos ni a un gramo de arena”.

Por eso el rey de Marruecos, contando con el apoyo más o menos firme de sus aliados americano y francés, trata por cualquier medio, incluido el acoso a ciudades de soberanía española, para que el Gobierno de Madrid, que según el Derecho Internacional no ha transferido la soberanía del territorio a un gobierno acreditado, acepte este hecho consumado, como legítimo. Porque la ocupación de los territorios de Saguia el Hamra y Río de Oro tras la Marcha Verde, fue una invasión con propósitos colonialistas, y sigue sujeta a un referéndum por parte de sus verdaderos habitantes.

Tras la II Guerra Mundial, la ONU puso en marcha una política de descolonización llevada a cabo con mejor o peor fortuna. España concedió la independencia a Guinea Ecuatorial en 1968; Y en la década de los setenta buscaba una autonomía para el Sahara. Para ello se creó el Partido de Unión Nacional Saharaui; pero el clima de ‘guerra fría’ calentó los ánimos desde Argelia, alineada en un neutralismo que favorecía la política soviética en el mundo, y surge el Frente Popular para la Liberación de Saguia en Hamra y Río de Oro (Frente Polisario) que declara la guerra al colonialismo español, sin tener en cuenta que en ese territorio, toda su estructura social, se debe a la labor realizada por España desde el siglo XIX. Era el momento en que el régimen de Franco agonizaba con él; un momento en que aquella circunstancia le cogía a España con escasa capacidad de respuesta. Porque si bien en esa ‘guerra fría’ estaba alineada con las potencias occidentales, donde se encontraba Marruecos, de este le llegaban graves exigencias, entre ellas la anexión del Sahara. Y el Frente Polisario, que tuvo en sus manos la transferencia del dominio a una nueva nación soberana, se dedicó a ‘ganar medallas’ luchando contra los que habían construido las ciudades, las mezquitas, las escuelas, carreteras, puertos y aeropuertos en aquel inmenso arenal.

La frontera sur de Marruecos, como la de Argelia y Libia, son demarcaciones a partir de lo que fueron colonias de Francia e Italia. Al sur de los territorios de África mediterránea, en el lado occidental, sólo había un mar de arena donde se movían hombres libres, tribus del desierto pendientes del agua, de sus ganados y del comercio posible entre oasis y oasis. Eran tribus incontroladas por los vecinos del norte, con los que traficaban productos. Centrándonos en Marruecos, su frontera estaba en el río Sun, más allá de Agadir, pero lejos de los arenales.

En el artículo 18 del Tratado de Paz y Comercio, firmado el 28 de mayo de 1767 por Muley Mohamed y Carlos III, leemos: “S.M.I. se aparta de deliberar sobre el establecimiento que S.M Católica quiere fundar al sur del río Nun, pues no puede hacerse responsable de los accidentes y desgracias que sucedieran a causa de no llegar allí sus dominios”. Y en un nuevo convenio, Tratado de Paz y Comercio, Navegación y Pesca, establecido por Muley Solimán y Carlos IV el 1 de marzo de 1799, Marruecos vuelve a señalar que sus límites sólo alcanzan hasta el río Nun. Ya en el siglo XIX Marruecos empieza a prestar atención a su frontera sureña que atrae a británicos y españoles. En 1877, durante unas negociaciones entre el enviado España, señor Romea, y el Gran Visir del Sultán, Sidi Musa, el español pidió que se señalase ante un mapa su frontera sur, pero Sidi Musa dijo que no era posible porque en unos territorios dominaba de hecho el Sultán, en otros sólo se le obedecía cuando se mandaba un ejército, y más allá solo era un objetivo; tres especies de “fronteras virtuales” con un límite real, el río Sun.

En el siglo XIX el llamado Sahara Occidental era un territorio deshabitado, cruzado por nómadas sin arraigo. España se estableció en el llamado Río de Oro en 1884. Y en aquel vacío surge la ciudad de Villa Cisneros, primer núcleo urbano que con el tiempo ya no estuvo solo, vinieron El Aium, Smara o La Güera. España, tras una intensa labor para construir país, marcha del territorio tras la invasión colonialista de Marruecos, que movilizó decenas de millares de personas en su Marcha Verde. Súbditos utilizados para extender dominios; súbditos que carecen de una legítima asistencia social, y cuyo horizonte, en gran medida, es la emigración, que es otra fuente de dinero para el régimen de Rabat, y otra manera de utilizar la necesidad para causas “patrióticas”.

España deja el Sahara tras la firma del Tratado de Madrid que establece un Referéndum en el territorio bajo la supervisión de la ONU; y otras exigencias olvidadas. Rabat nunca ha pensado en cumplir lo pactado. Y quiere anexionarse definitivamente un territorio que está colonizando con las desatenciones del Gobierno español hacia los que eran españoles, Gobierno ahora en manos socialistas que estiman como las mas propicias para una entrega definitiva. En la visita del entonces Secretario General del PSOE a Mohamed VI, gobernando Aznar hace nueve años, el salón de palacio estaba “adornado” con un mapa en el que se incluye Melilla, Ceuta, los peñones, Sahara y hasta Canarias, en el sultanato marroquí. Y José Luis Rodríguez Zapatero se retrató allí. Sería interesante saber si ese mapa imperial figuraba en el decorado de la estancia donde el rey alauita recibió días pasados al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba para... ¿para qué?.

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