José Pérez-Guerra
Jueves, 15 de febrero de 2018
Retenidos en el Museo de Lérida

La diócesis de Barbastro-Monzón pide judicialmente la devolución de los bienes de sus parroquias

[Img #28747]El obispo de Barbastro-Monzón, monseñor Ángel Pérez, ha presentado una demanda civil para reclamar, en su nombre y en el de las más de un centenar de parroquias aragonesas afectadas, la devolución de los bienes eclesiásticos que el obispado de Lérida y el Consorcio del Museo Diocesano y Comarcal de Lérida retienen indebidamente. Con ello se pretende poner fin a un problema que se inició en 1995, cuando desde el Vaticano, tras pasar estas parroquias de la franja aragonesa a la nueva diócesis de Barbastro-Monzón, el Museo Diocesano de Lérida retuvo estos bienes patrimoniales que conservaba como depósito, desoyendo las peticiones que en ese sentido hizo el nuncio del Papa en España, por lo que el entonces presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, lo recriminó públicamente. Para el Vaticano el patrimonio artístico ‘pertenece a las parroquias desmembradas’ y no son propiedad del Museo leridano.

 

Pero en Cataluña la sentencia papal era ‘una aberración jurídica’ y el contencioso pasó a la esfera política, e incluso alegan que estas obras fueron compradas, son de su propiedad ya que parten de compras que traspasan todos los límites de la moral. Y como ejemplo recordamos el caso de la imagen de la Virgen de Zaindin, pieza del Medievo aragonés que el obispo Messeguer i Costa (1890-1905) se llevó a Lérida por las 750 pesetas que necesitaba la iglesia para restaurar el campanario, imagen que se encuentra en la parroquia de San Lorenzo de Lérida. En los archivos diocesanos de Lérida se conserva el recibo de compraventa -todo muy mercantil- de esta virgen y otras tres piezas más. En un libro editado en 1994 por Ibercaja, el historiador Domingo Buesa informa sobre el expolio sufrido en la Franja, mencionando las andanzas del obispo Messeguer, quien ‘solía ofrecer alguna compensación económica en aquellos lugares donde encontraba resistencia para llevarse las obras`.

 

El obispado de Lérida compensaba económicamente toda resistencia de los fieles de una congregación para llevarse obras patrimoniales, y lo hacía con fondos que no era suyos, sino de todas las parroquias que formaban la diócesis. Por ello su actuación es puro oportunismo, prevaricación, de actuar como el ‘amo que todo lo puede conseguir por imperativo jerárquico’, sirviéndose de los más débiles para lograr sus propósitos. Si el campanario de Zaindin necesitaba una reparación, lo normal era que los gastos se sufragarse con los fondos diocesanos, que para eso llegaban al obispado de muchas maneras… pero por lo que se ve la mitra proporcionaba mucho poder, y lo ejercía. 

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