1-09-2010
Cree que el primer paso se dará con la entrada de Turquía en la UE

Gadafi quiere que Europa se “convierta al Islam”

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José Pérez-Guerra

[Img #3162]El coronel Gadafi, dueño absoluto de la nación libia, se ha plantado en Roma y, “urbis et orbe”, desde la llamada Ciudad Eterna, ha asegurado que el Islam “debería convertirse en la religión de toda Europa”. Y el primer paso para la islamización del continente llegará con “el ingreso de Turquía” en la UE. Al extravagante líder libio, que llegó acompañado de sus dos amazonas, 30 caballos bereberes, y su famosa tienda beduina en la que, instalada en los jardines de la embajada, se ha alojado, le ha bastado un auditorio de medio millar de azafatas seleccionadas por una agencia de modelos, de las que dos de ellas se convirtieron en el acto, entre aplausos de la sala.

Europa, leemos en las “Etimologías” de Isidoro de Hispalis (redactada en un tiempo, primera mitad del siglo VII de nuestra Era, cuando Mahoma huía de La Meca camino de Medina, recorrido que el arcángel Gabriel aprovechó para revelarle los contenidos recogidos en El Coran) que Europa es, la “tercera parte del orbe; empieza en el río Tanais (Don), desciende al ocaso por el mar Septentrional hasta los fines de Hispania...”. Pero eso es una apreciación territorial; porque la Europa de las gentes, la de los europeos, que no existía en tiempos del Imperio Romano, empieza a gestarse a final del siglo noveno, cuando Carlomagno asume el poder de los carolingios, que habían derrotado a los invasores musulmanes en las Galias, y configura, junto con el obispo de Roma, un Imperio Romano y Germánico, con el armazón ideológico que aportó el cristianismo, desde entonces Católico por universal, y Romano en un orden jerárquico, respondiendo así a la amenaza del Islam además de a las naturales apetencia de este rey Carlos, al que el obispo de Roma corona emperador la Nochebuena del año 800.

La organización social de los países europeos respondió al esquema de una oligarquía formada por casas reinantes y una corte romana que aparece como supervisora de la fe y de las costumbres. Y así fue durante el Medievo, cuando el Islam seguía siendo una amenaza. Sin embargo, con la Edad Moderna –invención de la imprenta, descubrimiento del Nuevo Mundo, Reforma Protestante y concienciación burguesa- la religión empezó a “realigar” menos. Y asoman los derechos en comunidades siempre obedientes, mientras el racionalismo se transmite en escritos, difundidos con rapidez. Europa muestra un humanismo que cala en los pueblos y se transmite al Nuevo Mundo. Pero los poderes estaban tan arraigados que permanecieron inmune hasta la Revolución Francesa... Y paso a paso, a veces tropezando, se ha llegado hasta el principio del siglo XXI, un ahora en que la Unión Europea no parece tener una política sensata, capaz de afianzar el proyecto unitario salvando el patrimonio cultural aportado por tantas generaciones; patrimonio compuesto principalmente por un ideario impulsor de las libertades y de la convivencia.

La llamada de Turquía a Europa es pura anomalía. Y sería un suicidio integrarla porque es nación asiática por geografía, y su cultura aparece, por uno de esos enigmas de la historia, antagónica. Ya lo era en la dimensión mítica; lo siguió siendo durante el Medievo y en la Edad Moderna los Otomanos se presentan como la gran amenaza. Ahora, sólo hay que considerar la política de Erdogán, que aparece como correa de transmisión del islamismo beligerante, tan cercano a Ahmadineyad de Irán, para darse cuenta lo que representaría una Europa donde el miembro de la UE más habitado sea Turquía, y que dentro de unos años Europa se convierta en la Eurasia que preconiza Gadafi. Con sus habitantes convertidos al Islam.

Los europeos de ahora, con los políticos a la cabeza, representamos el mismo papel de los romanos cuando el Imperio se hundía. Cantaban y bailaban. Y hasta se empeñaban en la filosofía. Hemos empezado aceptando todo, porque eso es muy progresista; nos negamos a tener hijos y los poderes públicos “educan” y “ponen los medios” para que las mujeres acaben con sus embarazos, porque también eso es progresista. Pero, por pura naturaleza, dentro de pocas generaciones la población de origen musulmán tendrá un peso importantísimo e incluso podrían llegar a ser mayoría. Y eso no tendría la menor importancia si se respetara la libertad de conciencia y se promulgasen leyes basadas en los derechos humanos. Porque el género humano es igual en todas partes. Lo que hace desiguales son los obligados cumplimientos sin tener en cuenta la conciencia de cada cual.

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