José Pérez-Guerra
Miércoles, 8 de septiembre de 2010

La Justicia ordena al Museo Diocesano de Lérida devolver los “bienes de la Franja”

[Img #3236]El Juzgado de Instrucción número 4, de Lérida, ha fallado que las obras de arte de las iglesias aragonesas, perteneciente a los fondos del Museo Diocesano de Lérida, deberán devolverse a sus lugares de origen, fallando así contra un recurso presentado por la Asociación de Amigos del Museo de Lérida, apoyado por el obispado, cuyo titular, Joan Piris, dije el pasado mes de mayo estar seguro de ser legítimo dueño de las piezas, por derecho de propiedad y el paso del tiempo.

El contencioso se originó cuando un determinado territorio de la diócesis de Lérida, la llamada Franja aragonesa, pasa a la jurisdicción de los obispos de Monzón y Barbastro, reteniendo aquella bienes históricos procedentes de un determinado número de iglesias. Ya en junio de 1988 la Nunciatura emitió un decreto estableciendo que “el patrimonio artístico procedente de las parroquias desmembradas, que se encuentra actualmente en Lérida, está a título de depósito y no de propiedad, mientras la Diócesis de Lérida no apruebe lo contrario en cada caso; por lo que debe devolverse”. Fue cuando el entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, recriminó públicamente al Nuncio del Papa, a la sazón el húngaro Lajos Kada.

A partir de ahí se han sucedido recursos que en Lérida se calificaban de “una aberración jurídica”, siempre desmentida; y la consiguiente movilización política que saca el asunto de la consideración eclesiástica para situarlo en vías patrióticas. La Signatura Apostólica ha juzgado en Roma el contencioso, y señala que las piezas deberán ser devueltas a sus lugares de origen. Pero ante esta sentencia vaticana el delegado del Patrimonio de la Diócesis Ilerdense, Enrique Calvera, argumentó que “La Santa Sede ha rechazado todos los recursos por razones peregrina, y se nieva a abordar el meollo de la cuestión, la propiedad, porque se sabe sin argumentos”.

¿La propiedad?. El Obispado de Lérida debe saber que los valores patrimoniales de las iglesias son de la congregación de fieles, no del poder que administra desde la distancia. Y si nos salimos del marco eclesiástico, los Patrimonios Históricos, según la ley vigente, son “riqueza colectiva” y la responsabilidad de su conservación exclusiva del Estado, cuya gestión transfiere a las comunidades autónomas, en este caso, Aragón y Cataluña.

Las piezas de las iglesias aragonesas siempre han estado en depósito, y un depósito se mantienen de acuerdo con las partes. Se dirá que fueron compradas. Pero la manera como se hizo es pura desvergüenza; porque fue simple aprovechamiento de unas necesidades por un obispado que tenía la obligación de solucionarlas sin contrapartidas. Nos referimos a la escultura de la Virgen de Zaindín, pieza del medievo aragonés que el obispo Messeguer i Costa (1890-1905) se llevó a Lérida por las 750 pesetas que necesitaba la iglesia para restaurar el campanario; imagen que se encuentra en la parroquia de Sant Llorenç, de Lérida. En los archivos del Museo Diocesano de Lérida se conserva el recibo de compraventa –todo muy mercantil- de esta virgen y otras tres piezas más.

En un libro editado en 1994 por Ibercaja, obra del historiador Domingo Buesa, se informa sobre el expolio sufrido en la Franja, mencionando las andanzas del obispo Messeguer, quien “solía ofrecer alguna compensación económica en aquellos lugares donde encontraba resistencia para llevarse las obras”. Obras que los Amigos del Museo Diocesano de Lérida quieren mantener contra los criterios del Vaticano, y para ello acudieron a un Tribunal de Justicia. Pero éste no ha podido darles la razón. Quieren con lo suyo también lo ajeno; y eso es pura sinrazón.

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