José Pérez-Guerra
Lunes, 21 de mayo de 2018

Gibraltar: de base naval a enclave económico y refugio de contrabandistas

[Img #29393]La Agencia Tributaria, tras estudiar la situación de ciudadanos extranjeros que viven habitualmente en territorio español pero están domiciliados en Gibraltar por lo cual no pagan ni impuestos sobre la renta (IPRF) ni de patrimonio, con coches matriculados en el Peñón, ha ‘nacionalizado’ fiscalmente a 160 grandes de estas fortunas, lo que supone que deberán contribuir a partir de ahora como cualquier otro residente a pesar de ser oficialmente ciudadano de la colonia inglesa, la antigua base militar que sigue siendo una colonia en el territorio geográfico hispano pero en clave económica, aunque esta economía esté sustentada por turbios negocios. Y es que el dicho ‘bussines as bussines’ sigue siendo una realidad en la mentalidad británica.

 

En Gibraltar, con una población de unos 27.000 habitantes, hay registradas otras tantas sociedades offshore operativas (el gobierno del Peñón rebaja esta cifra hasta las 20.000), es decir que hay una sociedad por habitante porque la colonia británica es un ‘paraíso fiscal’ que suma negocios de contrabandistas y protege a sociedades dedicadas a negocios poco limpio, como empresas de caza-tesoros para operar en mares próximos…

 

Desde principios del siglo XVII, los negocios han sido el hilo de la historia del Peñón. El 4 de agosto de 1704 una flota anglo-holandesa atacó Gibraltar en nombre del pretendiente austriaco a la Corona de España en la llamada Guerra de Sucesión, pero el almirante Sir George Rooke tomó posesión de la plaza en nombre de la Reina de Inglaterra. ¿Por qué?. La Enciclopedia Británica –edición Edimburgo 1879- lo dice en la página 586 del volumen 10: ‘En apariencia, los conquistadores habían combatido en defensa de los intereses de Carlos, Archiduque de Austria…pero Sir George Rooke, bajo su exclusiva responsabilidad, dio orden de que se izase la bandera inglesa y tomó posesión en nombre de la Reina Ana. Dice poco en honor de Inglaterra, tanto el hecho de que con menosprecio a los más elementales principios sancionó y ratificó la ocupación, como el de dejar sin recompensa al general a cuyo poco escrupuloso patriotismo se debía la adquisición…’. El almirante ofreció dinero al general holandés para que consistiese la ‘toma’ de la plaza de Gibraltar, pero se quedó sin cobrar, lo que supone un negocio muy redondo.

 

Desde entonces Gibraltar fue base de la flota inglesa, y como los gibraltareños huyeron de la ciudad, ésta fue repoblándose con una población auxiliar que es el fundamento de los habitantes actuales; base que fue convirtiéndose en un territorio libre para negociantes de distintos sectores, y que hoy es un ‘gran chiringuito’; por lo que se ve muy rentable para los británicos, porque eso de que ‘los negocios son los negocios’ sigue en plena actualidad.

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