José Pérez-Guerra
Martes, 12 de junio de 2018

España recoge a los 629 emigrantes rescatados por el buque ‘Aquarius’

[Img #29534]El gesto del gobierno español, presidido por Pedro Sánchez, de acoger centenares de emigrantes africanos que, en condiciones inhumanas, viajan a bordo del navío ‘Aquarius’ al que se le han cerrado los puertos italianos, es una acción de salvamento que todos debemos hacer nuestra porque estaban en juego la vida de muchas personas, entre ellas más de 100 niños. Sin embargo es necesario considerar el llamado ‘efecto llamada’, porque España tiene múltiples problemas sociales y económicos, y una inmigración masiva los agravaría.

 

Tenemos millones de desempleados y dificultades para asegurar jubilaciones… es como abrir las puertas de nuestras casas a los necesitados que llamen a la puerta y ofrecerles estancias si carecemos de recursos económicos para atenderlos, y aceptar comportamientos extraños porque algunos no aceptan las reglas del juego en un hogar que es un sumando de memoria y afectos.

 

Y lo menos que se le puede pedir al emigrante es que acepte el ordenamiento jurídico y la cultura del país de acogida. Y se da el caso de que en Europa, la acción terrorista está protagonizada en gran medida por nacionales de origen musulmán… y lo hacen invocando a su dios, porque actúan en su nombre. El dictador libio Gadafi no dudó en señalar que ‘Europa sería árabe por el vientre de sus mujeres’…

 

La inmigración se ha coinvertido en un gran problema europeo. Las guerras del cercano Oriente generan numerosos refugiados que es necesario atender, pero con ellos llegan combatientes camuflados que tratarán de debilitar a Europa de muchas  maneras. Y el continente africano es punto de partida de una inmigración mayor, porque en buena parte de esos países hay regímenes dictatoriales que fomentan guerras y acrecientan hambrunas, nidos de enfermedades, por lo que sus habitantes buscan la manera de encontrar en Europa un futuro donde vivir y prosperar.

 

El planeta tierra, cada vez más comunicado e interrelacionado, acoge ‘varios mundos’  lo que es un despropósito en términos sociales y económicos, porque para que haya una sociedad en constante progreso es imprescindible sumar, crear sinergias eliminando las lacras que se acumulan en el ‘tercermundismo’. Y eso no es un problema europeo a resolver en Bruselas, sino general. Existe una Organización de las Naciones Unidas que cuenta con una Carta en la que se recogen las normas de convivencia a nivel mundial. Por eso una responsabilidad de la ONU es poner en marcha toda una política tendente a que haya un mundo solo. África sufrió el colonialismo pero aumentó su problemas con unas independencias que se han convertido en regímenes de dictadores y familias que lo arrasan todo, como si fuesen países menores de edad; por ello, pasada la etapa colonialista y la de los protectorados, sería lógico que la ONU designase un país-tutor que reforzando cada soberanía, se esforzara en crear infraestructuras para desarrollar las distintas economías, lo que favorecería el normal comercio internacional en un mundo más equilibrado, generando así múltiples vasos de comunicación y de entendimiento, porque todos somos ciudadanos de un mismo mundo.   

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