Es la crónica de un artista que encuentra en la cultura oriental una filosofía para conjugar el yo íntimo con la humanidad en marcha. Y lo hace empleando las técnicas del pastel y del óleo para retratar caracteres o el sosegado sentir de unas vidas placenteras en sus contextos. La pintura de José Luis Fuentetaja en la Galería San Antón, de la capital navarra, recoge encuadres donde las gentes, en especial mujeres y niños, conviven haciendo de su soledad una constante personal por introspectiva. Quizá contrapunto a la sociedad de consumo y de su propia cultura europea. Y es que Fuentetaja ha realizado numerosos viajes a Bombay, Katmandú, Benarés o Nepal, para respirar un clima que le llega y atrapa.
En la pintura de Fuentetaja se advierte una mística a la hora de recrear trabajos como “Joven lavándose el pelo. Lago Inley”, “La ofrenda. Balí” o “Vendedoras de flores. Jaipur”. Son figuras descritas a través de un dibujo con métrica justa, en composiciones equilibradas donde los colores alumbran estilos, si consideramos a éstos como asomos del alma. Y un cromatismo que eleva la materia a categoría en superficies plenas de acordes. En sus retratos infantiles, “Niñas. Nepal”, “Niño balinés” o “Ternura”, asomo de inocencia formal. En “Desnudo”, interior e intimidad.
En la segunda mitad de los sesenta Fuentetaja ya plasmaba las visiones del paisaje alrededor, para después afirmar su profesionalidad con una colección de dibujos de desnudos, e ilustraciones para una obra de Federico García Lorca; trabajos que le impulsaron a seguir en sus pasos, y consolidar una pintura con obras que ha ido dando a conocer en exposiciones celebradas en ciudades españolas y extranjeras, entre estas Toronto, París o Londres.
La exposición “Mi íntimo Oriente”, de J.L. Fuentetaja, en la Galería San Antón, de Pamplona, se clausurará el 13 de octubre.