José Pérez-Guerra
Miércoles, 29 de septiembre de 2010

Hace 600 años Portugal reconquistó Ceuta

[Img #3362]Para conmemorar los seis siglos de la reconquista de Septa, “ciudad de siete montes, que por ser muy semejantes son llamados los siete hermanos, y domina el estrecho gaditano”, según escribió Isidoro de Hispalis en sus “Etimologías”, se ha creado la Fundación Ceuta, Crisol de Culturas 2015, con el objeto de conmemorar la llegada de los portugueses a esta ciudad, frontera entre Europa y África desde el tiempo mítico cuando Hércules colocó una de sus columnas –la otra en Calpe, ahora Gibraltar- hacia el más allá intercontinental o trasatlántico.

Portugal era un reino hispano que, como el de León y Castilla, Navarra y Aragón –los cinco reinos-, puso su mayor empeño en reconquistar a Hispania del colonialismo musulmán. Y en esa dinámica, en el verano de 1415, el rey Juan I de Portugal conquista Ceuta, donde establece una fuerte guarnición. Era una señal premonitoria de que la lucha contra los musulmanes tendría su punto y seguido una vez se expulsasen del marco ibérico. Ochenta años después, la bula “Ineffabilis”, del 13 de febrero de 1495, promulgada por el Papa Alejandro VI –y el Tratado de Tordesilla-, reservaba a Castilla el monopolio de los descubrimientos de las Indias Occidentales, la América posterior; y a Portugal le asignaba la exclusiva africana.

Gades o Cádiz, fue ciudad frontera en la navegación fenicia. Y en la otra orilla lo fueron Tingis o Tánger y Septa/Ceuta. Aún en la Prehistoria, Roma incorpora Hispania a su Imperio; y en la administración de Diocleciano, el año 285 de nuestra Era, la Mauretania Tingitana pasa a la jurisdicción del Vicario de Hispania. Era el tiempo en que la urbe romana de Flavia (Melilla) pasa a llamarse Rusaddir. Y durante el reino hispano-visigodo, tras el periodo en que Ceuta estuvo en manos de los Bizantinos, testimonio del Imperio Romano en Occidente, la ciudad de las siete colinas forma parte del mapa hispano como se pone de manifiesto en las ya mencionadas “Etimologías”, escrita cuando a Mahoma aún no se le había aparecido el arcángel San Gabriel: Hispania “tiene seis provincias: Tarraconense, Cartaginanse, Lusitania, Galecia, Bética y, pasando el estrecho, en la región de África, la Tingitana”.

Hispano-visigodas eran Tánger y Ceuta cuando los árabes invadieron las tierras de la mauretania y, con sus armas, y la traición de los dirigentes hispanos, más pendientes de intereses partidistas que de las responsabilidades contraídas, entregaron las ciudades y facilitaron el paso musulmán a la Península. Ya antes de terminar la reconquista peninsular, tanto Castilla como Portugal buscaron fórmulas que restablecieran unas presencias seculares, necesarias para evitar nuevas invasiones y, muy en especial, el negocio de la piratería que se prolongó durante siglos. Los portugueses se distinguieron desde el primer momento por mejorar los servicios portuarios y las defensas de una ciudad convertida en testimonio de reencuentros. Cuando Felipe II hereda la Corona de Portugal, sigue la misma estrategia. En 1668, por el Tratado de Lisboa España reconoce la independencia de Portugal, y se acuerda que la plaza de Ceuta quede bajo soberanía española.

En la conmemoración del sexto aniversario de la Ceuta portuguesa se informará cumplidamente de ese largo periodo, la dinámica histórica con sus arquitecturas e infraestructuras, así como ese espíritu abierto y universalista tan enraizado en el alma lusitana.

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