Jaime Pérez-Guerra
Domingo, 3 de febrero de 2019

Cuanto mejor, mejor

[Img #30693]Vivimos una época curiosa. En un momento en que el mundo, a pesar de todo, está saliendo hacia delante, está reduciendo la pobreza, la mortalidad infantil, está incrementando la esperanza de vida y sus logros científicos y técnicos nos abren puertas a una nueva revolución, triunfa el relato catastrofista, el de “todo va a peor”, a pesar de que la realidad es tozuda, y nos muestre lo contrario.

 

España, con el sambenito de que llegamos siempre tarde, parece encabezar esta tendencia.  Todo va mal. Todo lo hacemos (y hemos hecho) mal. Resulta milagroso que este país haya tenido uno de los mayores imperios de la historia, y lo haya mantenido prácticamente tres siglos.

 

La leyenda negra sigue activa, y con la poca y descoordinada defensa que hacemos de lo que nos interesa, lo nuestro, lo estará muchos años más. En los últimos días, aparte de los ataques de los separatistas, cuya única estrategia parece ser desprestigiar al país que los mantiene, Colón denostado en una universidad norteamericana, Portugal se arroga la vuelta al mundo de Magallanes, que fue una empresa española, y el gobierno no es capaz de considerar el quinto centenario de la conquista de Méjico digno de sus atenciones.

 

En un escrito anterior, publicado en esta sección, ya publicábamos que las cosas no iban tan mal, pero eso no importa. Vivimos en un momento en que el discurso tiene que ser catastrofista, o es “políticamente incorrecto”, porque hay una serie de portavoces que así lo quieren. Desmoralizar a la gente es una buena estrategia para levantarse sobre las cenizas y manejar el cotarro.

 

Europa, y con ella España, deberá cambiar radicalmente si quiere tener algo que decir en un futuro próximo. Los que vienen empujando no juegan a los juegos de aquí. En los países emergentes la gente estudia, trabaja, investiga y crea a unos niveles similares a los de Europa en sus buenos tiempos. De ellos es el futuro, a menos que nosotros despertemos. Claro que existe otro relato, y que las cosas no van tan mal, pero somos nosotros, ahora, los que necesitamos venderlo, aunque sea más fácil, tirarse al suelo y decir que todo está muy mal. Como los niños pequeños.

 

Pero el devenir de la historia es cíclico. Llegarán otros tiempos en los que se hable menos y se haga más. En los que, en vez de protestar, la gente se arremangue y se ponga a la faena. Donde a nuestros hijos les volvamos a enseñar que detrás de cada derecho, siempre hay una obligación, que es mejor el trabajo honrado, que el éxito impostado y que al final no salen las cosas por suerte sino por trabajo, constancia, inteligencia y aplomo.

Enlaces automáticos por temática
InfoENPUNTO • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress