Carlos Delgado
Miércoles, 14 de octubre de 2009

Ciria muestra sus últimos trabajos en la galería Couteron de París

[Img #1053]De manera paralela a sus exposiciones en el Museo de Arte Moderno de Santiago de Chile y en el Zoeliner Arts Center de la Universidad Lehingh en Bethlehem, (Pensilvania), el pintor español José Manuel Ciria aterriza ahora en la galería Couteron de París con una selección de dibujos y pinturas recientes. Esta versatilidad no es tan sólo reflejo de la imparable proyección internacional del artista, sino de su dimensión de viajero infatigable, de gran asimilador e integrador de contrastes y culturas. En consonancia con el imparable proceso de la globalización contemporánea, Ciria ha entendido con innegable lucidez que los territorios aprehendidos no son lugares extraños, sino el espacio de su propia intimidad, su ámbito de libertad y creación. Por ello, ha trabajado sistemáticamente su obra como una cartografía singular que expresa la incidencia creativa de sus distintas estancias por distintos lugares el mundo (París, Roma, Tel Aviv, Moscú, y más recientemente, Nueva York). Pero también es Ciria un artista nómada dentro de su propia poética. Los materiales utilizados, además de aquellos signados por el paso del tiempo (en aquellos soportes reutilizados), oscilan entre los tradicionales de las artes visuales (pintura, papel, tela...) y derivas experimentales que siempre devienen en espléndidos hallazgos (lona plástica, clorocaucho, lámina de aislante térmico). Un modo de ampliar la geografía del arte pictórico que sustenta su huida de la estricta estabilidad formal, ejemplificada en la sucesión continuada de series o familias que integran sus últimas investigaciones.

 

Su exposición parisina recoge precisamente las series en las que el artista ha agrupado los distintos vértices de sus más recientes exploraciones plásticas. Las piezas procedentes de su serie “Desocupaciones” mantienen un hilo conductor con su producción abstracta de los años noventa: rigor compositivo, mancha de color que define la piel de la iconografía y presencia de un fondo compartimentado. Sin embargo, podemos advertir que la otrora expansión libre de la mancha se encuentra ahora delimitada por el dibujo; del mismo modo, en algunas piezas la geometría que se establece como fondo de la imagen llega a generar una retícula más firme e infranqueable que en sus obras anteriores. Ciria logra alcanzar con plenitud uno de los horizontes que se había establecido a su llegada a Nueva York: enfriar su pintura y contener la expresividad emocional de su obra de los años noventa.  Este enfriamiento contrasta con el aspecto desarticulado y lúdico de las figuras que protagonizan su serie “Doodle”. De nuevo, Ciria plantea un cruce de temperaturas, que ahora se concreta entre el aspecto naïf del icono y el rigor de la construcción visual, de la rigurosa organización compositiva y de la meditada distribución cromática.

 

En sus trabajos más recientes, agrupados bajo la familia “Memoria abstracta”, Ciria retoma el vocabulario formal de su serie clásica de los años noventa “Máscaras de la mirada”. Sin embargo, el artista intensifica ahora los dos extremos de aquel vocabulario: la mancha se vuelve más libre, intensa y dramática, mientras que la geometría del fondo acentúa su rigor constructivo.  Este sugestivo discurso circular, donde una idea anterior alcanza mayor profundidad al volver el artista a trabajar sobre ella, es una de las herramientas que emplea Ciria para activar una constante renovación de su discurso.

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