José Pérez-Guerra
Lunes, 15 de abril de 2019

Salvador Dalí dejo todo su patrimonio, inmobiliario y artístico, al Estado Español

[Img #31053]La fundación Gala-Salvador Dalí acaba de publicar la primera parte de un Catálogo Razonado de la obra escultórica de Salvador Dalí, precisamente cuando se cumple el trigésimo aniversario de su muerte, en una deriva política en la que el independentismo catalán se afana en establecer una República Catalana, desmembrada de la histórica nación española, ‘HispaniaeRerum’ ya en tiempos de los Reyes Católicos, como se constata en las monedas.

 

Salvador Dalí (1904-1989) se inició en su tierra natal, el Ampurdán; en 1921 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, y se instala en la Residencia de Estudiantes, y en 1925 participa en la Exposición de Artistas Ibéricos, marchando al año siguiente a Francia donde conoce a Picasso y otros artistas españoles con los que establece relación. Tras varios años en Estados Unidos, regresa a España en 1948 y se instala en su tierra, donde ha realizado una parte sustancial de su obra. En 1980 firmó un primer testamento en el que dejaba al Estado Español y a la Generalitat Catalana, a partes iguales, su patrimonio. Pero a la muerte de Gala, anula ese testamento y ante el notario José Mª Foncillas firma uno nuevo en el que deja como heredero universal al Estado Español, administrador de los recursos del pueblo soberano que es, como señala la Constitución, quien se dota de Estado; y lo hace ‘con el fervoroso encargo de conservar, divulgar y proteger sus obras de arte’, dejando fuera a la Generalitat de Cataluña.

 

Dalí murió el 20 de enero de 1989 en Figueras y fue enterrado bajo la cúpula del Teatro Museo de su ciudad natal. Gobernaba en España Felipe González y era ministro de cultura Jorge Semprún; y en la Generalitat Jorge Pujol, que al conocer la última voluntad de Dalí, dijo que ‘nos sentimos engañados, pero no sabemos por quién’. El entonces consejero de Cultura, Joan Guitart, manifestó ‘su tristeza y decepción, porque todos esperábamos otra cosa’; y Max Cahner, que había sido consejero de Cultura, acusa al Estado de actuar ‘como si fuese una fuerza de ocupación’, e incluso puso en duda la capacidad intelectual de Dalí para testar: ‘Dalí sabía lo que hacía, es decir, podía mantener una conversación normal durante un cuarto de hora, aunque pusilánime era incapaz de hacer nada sin ayuda, estaba sujeto a todo tipo de presiones y coacciones’, algo así como si Dalí fuese un tontorrón. A estas críticas e insultos, el alcalde de Figueras, Mariá Lorca, respondió recordando su españolidad y el deseo de que su obra fuese destinada a su querida Patria, que era España.

 

Ahora, ante la deriva independentistas de una parte de la sociedad catalana, manejada desde una Generalitat empeñada en establecer una República Catalana, fuera de España, sería bueno considerar la voluntad de Salvador Dalí y la propiedad de todo su patrimonio, que corresponde a los españoles, y no solo a una parte.

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