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Viernes, 5 de julio de 2019
Madrid

Ángel de la Peña: donde la pintura es un retorno

[Img #31441]Las narrativas visuales resultan ser a propósito de una sucesión de elementos mediante los cuales aceptamos que algo se nos está contando, más allá de la multiplicidad de elementos que el emisor proponga. Las poéticas visuales, sin embargo, alcanzan ese estado de consideración por lo inesperado del acontecimiento, por lo que tienen de revolución, por su intangibilidad en lo sensitivo y por el conocimiento de las esencias del lenguaje para sublimarlo en una suerte de intervención sobre el soporte, convocándonos a un pensamiento singular.

 

Hablar de las esencias, no es poca cosa; es hablar de lo necesario, lo indispensable y el fin último de cualquier acción creadora. Y ahí encontramos la obra de Ángel de la Peña (Gran Canaria, 1955), un autor que alude de manera constante a los orígenes de la conformación de imágenes en la vertebración de una depurada y sólida estructura pictórica. La pintura es para el autor afincado en Madrid, un  testimonio, una batalla, la geografía de su memoria y ese encuentro con lo inesperado surgido de la cavilación y un sentido de la estética construido de intuiciones fuera de cualquier arbitrio.

 

Sin temor a equivocarnos podemos señalar que Ángel de la Peña es un autor elegante, discreto y poderoso a un tiempo, que en el color tiene los ritmos y los tempos de un compás compositivo que va desarrollando con la mesura y determinación de una iconografía precisa en su autoría. Porque en las grandes masas y gestos sobre fondos como palimpsestos de sí mismos, el artista no recrea sino que renueva su propio ideario como quien sabe que en las esencias del oficio de pintor se esconde la única posibilidad de pensar en primera persona a la manera del poeta que busca y halla la palabra precisa entre todas las habidas.

 

Poéticas visuales las de este autor, que desde la pasada semana pueden verse en una nueva muestra comisariada por Ana Gómez Pujante y Natalia Gomendio, en la que pone de relieve significativos  guiños a su trayectoria vital y profesional  como quien necesita mirarse a sí mismo y releerse, pensarse y respirarse a través de un trabajo de dilatada trayectoria que, desde hace tiempo, tiene en el circuito internacional una frecuente presencia y lugar propio en Asia, Europa y Estados Unidos.

 

Ángel de la Peña, no para ni descansa con esta muestra; recala en Madrid para continuar y seguir creando imágenes necesarias. Necesarias porque Ángel inventa para la mirada nuevas jerarquías de ubicación, enigmas renovados que queremos sentirlos ancestrales sin dejar de ser ahora, simbologías suyas suspendidas en el no espacio del lienzo, ilusiones ciertas y  de verdad en lo informal, esquemas de color y vértices imposibles como si la tierra se hubiera abierto para dejarse recrear de criptogramas contemporáneos hechos pintura y  horadar su interior, que es el nuestro, con nuevos lugares donde buscar. Y es que Ángel de la Peña es creador de una arqueología del presente desde lo esencial de los elementos. Él sabe que andamos faltos de enigmas y los inventa para dejarnos tener la posibilidad de desencriptar y detentar en la piel de nuestra mirada el impacto de lo inesperado que tienen las esencias

 

(Calle Lagasca, 90, de Madrid. Previa cita: agomez.artincapitals@gmail.com )

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