José Pérez-Guerra
Jueves, 12 de septiembre de 2019

El Centro de la Memoria Histórica, de Salamanca, presenta ‘Josep Renau. Arte y Propaganda en Guerra’

[Img #31720]Esta exposición  inaugurada por el Ministerio de Cultura y Deporte en el Centro de la Memoria Histórica, de Salamanca, una institución pública que se sufraga con los impuestos de todos los españoles, intenta exponer una media verdad a través de la obra de un artista singular, pero oculta una parte de lo sucedido en un amargo periodo de nuestra reciente historia, cuando los gobiernos de la II República, siguiendo la estrategia stalinista, utilizaron las milicias revolucionarias para quemar iglesias, conventos y otras instituciones religiosa, aprisionar a los ‘enemigos’ en checas, asesinar y destruir una parte de nuestro patrimonio cultural. De ahí que nosotros hagamos nuestra propia lectura de ese periodo incivil que empezó en la primavera de 1931 y finalizó en 1975, no solo lo del capítulo ‘zapateril’, impuesto por ley, sino de toda una época nefasta para España.

 

Y nuestra Memoria nos lleva a examinar la cara y la cruz de Josep Renau, admirable como diseñador y dibujante, pero muy discutible en su faceta política. Fue Director General de Bellas Artes entre septiembre de 1936 y abril de 1938 cuando el Ministerio de Instrucción Pública estaba en manos comunista; cuando el Subsecretario, Wenceslao Roces, se personó en el Museo Arqueológico Nacional en la tarde-noche del 4 de noviembre de 1936 con la orden de que requise ‘todo el oro sin excepción’, y con su escolta se llevó al Ministerio 2.230 monedas que pesaban 15,84 kilos, entre ellas piezas de la época visigoda y árabe. Monedas que se enviaron a Valencia, después a Barcelona, al castillo de Figueras y a Francia, desde donde fueron embarcadas en el buque ‘Vita’ que salió rumbo a México, donde fuero fundidas para que mandatarios republicanos tuvieran un exilio dorado; y entre esos exiliados figura Josep Renau que estuvo en México hasta el año 1958 cuando se instaló en el Berlín del Paraíso Comunista, ciudad donde para que la población no se fuera a la zona occidental, construyeron el llamado ‘muro de la vergüenza’. Y esta lectura también es Memoria Histórica, pero libre, no impuesta por una ley que busca, una vez más, la división de los españoles.

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