Jueves, 28 de octubre de 2010
Barcelona

Retrospectiva del fotógrafo Paco Gómez en Foto Colectania

[Img #3617]Paco Gómez tiene una importancia capital en la fotografía española, aunque es poco conocido por el público. La Fundación Foto Colectania, que desde 2001 custodia su archivo (25.000 negativos y más de 1.000 fotografías) gracias a una donación de sus herederos, le rinde homenaje presentando la primera exposición retrospectiva dedicada a este fotógrafo tras su muerte. Cerca de 75 fotografías originales, avaladas por el propio autor, muestran su particular modo de ver el mundo, alejado del documentalismo imperante en la época.

Paco Gómez es un poeta de los muros, los rastros, los espacios desnudos y los pequeños objetos. Su observación parte de una sensibilidad bien enraizada en la realidad, pero trascendente y cargada de sentido simbólico. “Paco Gómez. Orden y desorden” es una exposición comisariada por Laura Terré, coproducida con el Ayuntamiento de Pamplona y la Diputación de Huesca y patrocinada por la Fundación Banc Sabadell, y se puede ver en la sede de la Foto Colectania hasta el 29 de enero de 2011.

“Fue, a mi parecer, el mejor fotógrafo de mi generación. Ni más ni menos”. La frase es de Ramon Masats, pero podría ser de cualquier otro fotógrafo, porque la importancia de Paco Gómez (1918-1998) en la fotografía española de los años 60 y 70 es no sólo innegable, sino también decisiva para entender una nueva manera de trabajar con la imagen. Y es que la sobriedad, la expresividad y la composición de las fotografías de este autor –que siempre se definió a sí mismo como un fotógrafo amateur- dejaron una huella imborrable en la fotografía contemporánea, que veía en sus sutilezas y silencios una clara visión del mundo.

“Paco Gómez. Orden y desorden” es la primera gran retrospectiva dedicada a este fotógrafo tras su muerte, ocurrida en 1998. El objetivo está claro: es una muestra definitiva para el conocimiento y valoración de quien realizó algunas de las imágenes más poéticas de la España de la posguerra. Su comisaria, Laura Terré, lo explica con estas palabras: “Se trata de un autor de gusto ortogonal (...). Se sitúa de frente y equilibra los límites del formato, excluye lo superfluo, busca los ejes que tensen el espacio y dispara”. La sencillez ante todo, pero también el silencio y la austeridad son la base sobre la que trabajó Gómez. De ahí que aparezcan tan a menudo los muros, las medianeras, las fachadas (como en Huellas, 1960, o Cristo, 1959), que entroncan directamente con la pintura matérica de Tàpies, y en los que, cuando aparecen ante ellos ciertos elementos del paisaje, como un vehículo (Tranvía en el paseo de Extremadura, 1959), un graffiti o un personaje (Familia de Turégano, 1959), remitan a la obra de fotógrafos como Aaron Siskind, Brassaï o Paul Strand.

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