Amalia García Rubí
Domingo, 14 de noviembre de 2010
Madrid

“Heads/ Grids”, José Manuel Ciria en el CBA

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El 11 de noviembre, en la sala Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid, de la mano de su director Juan Barja, y en colaboración con la Compañía Telefónica, tuvo lugar la inauguración de la exposición “Heads/ Grids” (Cabezas/Cuadrículas) del pintor José Manuel Ciria. Presentada por el prestigioso crítico norteamericano Donald Kuspit y su galerista neoyorquino Stephen Stux, esta gran individual del artista español nacido en Manchester en 1960, reúne una docena de obras de gran formato pertenecientes a varias de las series realizadas a lo largo de los dos últimos años.

“Dear Daddy” (Querido papá), compuesta por una secuencia impactante de grandes imágenes en las que se mezcla fotografía y pintura, es un bellísimo homenaje de una enorme carga emotiva, a su padre, cuya desaparición la primavera pasada supuso un fuerte golpe para el artista. Por otra parte, la serie “Cabezas de Rorschach”, en referencia al método del psicoanálisis del Dr Hemann Rorschach cuyo test de manchas de tinta empleado en psicodiagnóstico causó gran influencia entre la comunidad científica de principios del siglo XX, adopta en la pintura de Ciria una forma sui generis de expresión, relativamente reciente en el discurso del pintor, dentro de la eterna disyuntiva figuración-abstracción. Junto a ésta, las series “Máscaras Schandemaske” y “Memoria Abstracta” ahonda en una de las inquietudes que mejor definen al Ciria actual: la dualidad, el equívoco o la pérdida de identidad tras el disfraz y al mismo tiempo la palpable realidad del miedo que se trasluce en cada cabeza-mancha-individuo. Por último, las series sobre cuadrículas tituladas “Desde el Odio” y “Memoria Abstracta” responden al lenguaje más característico del Ciria gestual y autorreferencial, aquel que vierte metafóricamente sus líquidos corporales sobre una retícula de aluminio, cuyo fondo aparentemente neutro es claramente violentado por los rojos y amarillos más primarios del action-painting. La catarsis, la misma idea a la que hacía referencia Picasso cuando pintó sus Señoritas, siempre ha sido una necesidad casi dionisíaca en Ciria. La pintura entendida como vehículo para liberar la ansiedad, pero también lugar de retorno, descanso del guerrero y reposo del pensamiento.

[Img #3837]A estas alturas pocos son los que dudan de la magnitud creativa y el interés público que despierta la obra de José Manuel Ciria. Un pintor tenaz en sus objetivos plásticos, de vertiginosa formación, devorador de libros e instigador de conciencias demasiado asentadas. La llegada fulgurante de Ciria a la etapa madura en los años noventa, dio paso de manera sorprendente a una prolífica actividad pictórica y acto seguido a una irrefrenable atracción hacia su persona y su fuerza expresiva de parte de coleccionistas y críticos. El propio artista reconocía haber sufrido una presión a menudo asfixiante durante aquellos años en Madrid, hasta que dio el salto a Nueva York a principios del milenio. Una decisión tan acertada como fructífera. Retoma entonces la actividad del pintor reflexivo, el reencuentro necesario consigo mismo que da el anonimato, comenzando a dibujar de nuevo, a expresar en graffito sus ideas, sus obsesiones de siempre. Y pronto empieza a trabajar con fruición y su obra embauca ahora a los galeristas norteamericanos como Christopher Cutts e incluso a críticos de la talla del profesor Donald Kuspit, autor de estudios tan imprescindibles como “El fin del Arte” o “Signos de Psique en el arte moderno y posmoderno”. Kuspit es hoy defensor y estudioso de Ciria, al cual avala como uno de los pintores españoles que mejor proyectan en su obra la bipolaridad (por otra parte muy hispánica) entre lo visceral del gesto abstracto expresionista y la necesidad de materializar realidades en la figuración, al tiempo que acotar espacios mediante la geometría, al igual que lo hicieron los pintores suprematistas y luego del “hard edge”. Hoy, Ciria, mitad español, mitad anglosajón y entre medias muy neoyorquino, atraviesa uno de sus mejores momentos. Así nos lo demuestran estos titánicos trabajos, a los que desde luego hay que enfrentarse con calma y agradecimiento, debido a su enormidad tanto física como simbólica, sensitiva y psicológica.

En el Círculo de Bellas Artes de Madrid, c/ Alcalá 42, hasta el 11 de enero de 2011.

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