Carlos Pérez-Guerra
Miércoles, 17 de noviembre de 2010
130 obras de maestros como Manet, Monet, Pissarro, Renoir...

El Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid presentan la exposición ‘Jardines impresionistas’

[Img #3909]Monet decía que le debía a las flores ser pintor y Manet hablaba de su jardín como de su obra maestra, mayor en su estima que sus propios cuadros. Es de sobra conocido el tratamiento de la naturaleza en la pintura impresionista, que es la temática quizás más fácil de traducir al lienzo mediante el uso de los recursos formales del impresionismo, ya que las flores y los jardines son, literalmente, pinceladas de color para nuestros ojos. ‘Tema invisible a fuerza de ser obvio, quizás como la carta robada de Poe, que al estar encima de la mesa, nadie repara en ella’ comenta Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza y uno de los comisarios de la exposición, tratando de explicar por qué no se ha realizado una monográfica con esta temática con anterioridad.

La muestra presenta más de 130 obras de artistas de primer nivel: impresionistas como Manet, Monet, Pissarro, Renoir, Sisley, Caillebotte o Morisot; precursores como Delacroix o Corot; y postimpresionistas como Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Klimt, Munch y Nolde.

Observamos una clara evolución en el tratamiento de la relación del hombre con lo natural, mientras los romanticistas (anteriores a la generación de los impresionistas) buscan en su pintura el ideal de lo sublime de Burke - lo sublime como algo hostil, extremo, opuesto por definición a lo bello; los impresionistas buscan todo lo contrario: el jardín como naturaleza amable y domesticada, ordenada, continuación de la tradición del ‘locus amoenus’ (lugar ameno) grecolatino, representación, por tanto, de la búsqueda del hombre del paraíso en la Tierra mediante la construcción y la celebración medida de las sensaciones.

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Estos procesos artísticos e ideológicos corresponden, además, con un particular contexto histórico, ya que hacia el final del siglo XVIII se abren al público algunos jardines reales, como el Jardín de las Tullerías de París. Además, se comienzan a criar, en viveros, plantas exóticas traídas de Asia y las Américas.

La exposición incluye muchas obras notables. La selección de obras de flores resulta muy atractiva por sus colores vivos e intensos y por su clara intención sintética (especialmente si las comparamos con las obras romanticistas anteriores), se pueden ver, por tanto, como precursoras de la posterior abstracción de la pintura europea. ‘Les Vessenots’, de Van Gogh, que el artista pintó pocas semanas antes de quitarse la vida, es de interés por lo atípico de su punto de vista, que en vez de mirar desde la casa hacia el jardín (como lo haría el propietario) mira desde el jardín a la casa, reflejando el sentimiento de alienación del propio Van Gogh. ‘Estanque de Nenúfares’, obra postimpresionista de Monet, es significativa también porque los ojos de su autor comenzaban a sufrir cataratas, algo que sin duda afectó su manera de percibir la escena, y por usar un recurso sinestésico al representar el fragrante e intenso olor a través de pinceladas rojas repetidas. La exposición nos permite comparar también la obra de Renoir y Pissarro, coetáneos con ideas opuestas sobre la vida, el uno retratista de la burguesía y la alta sociedad parisina; el otro anarquista, retratista de huertas y campesinas trabajando la tierra, apodado en la época ‘el pintor de las coles’.

La exposición ‘Jardines Impresionistas’ es un proyecto conjunto entre la Fundación Museo Thyssen-Bornemisza y la National Gallery de Edimburgo, apoyado por la Fundación Caja Madrid. Se podrá visitar hasta el día 13 de febrero de 2011 en el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid.

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