Amalia García Rubí
Sábado, 9 de abril de 2011
Madrid

Ascensión Pérez, un paisaje desglosado, en la Fundación Cajamurcia

[Img #5747]Pintar los reflejos y juegos del agua ha sido una de las características más definitorias del impresionismo internacional, si además se trata del agua de mar, lamiendo las suaves costas de una playa levantina, nuestra memoria colectiva se instala inevitablemente en los pintores que  mejor supieron captar la luz del litoral, y más concretamente recala en el luminismo del maestro Joaquín Sorolla.

Sin duda, Ascensión Pérez, como buena paisajista contemporánea, admira los grandes nombres de nuestra historia de la pintura. Sin embargo, el objetivo de sus cuadros parecen diferenciarse de la pintura plenairista tradicional, tanto por la concepción espacial del motivo, cuanto por la manera de enfocar sus estudios lumínicos. La serie de lienzos sobre la playa de la Manga del Mar Menor, que ahora reúne en la sala de Cajamurcia, refleja el carácter unitario de una panorámica que parece tomada una y otra vez desde el mismo punto de vista. El resultado final son estos cuadros, muchos de ellos en acusados formatos verticales, que nos llevan a la siguiente conocida conclusión: lo importante no es lo que se pinta sino cómo se pinta.

La simplicidad compositiva se basa en la construcción de la imagen en tres planos, constituidos el primero por la franja de arenales y dunas; un plano medio de sutiles pinceladas y matices cromáticos en verdes, grises y ligeros toques de amarillos, para plasmar la claridad marina y transparencias doradas de las finas arenas del fondo; y finalmente un tercer plano u horizonte de límpidos azules celestes  ocasionalmente surcados por finos hilillos de nubes que acentúan la sensación de evanescencia, de calma cristalina en la que se transmutan estos paisajes silentes. Asimismo, la transmisión de una sensación única que hace referencia a un estado de plenitud más allá del disfrute sensitivo, nos aparta una vez más de las metas propias del impresionismo tradicional, el cual persigue casi siempre una visión dinámica y cambiante de la naturaleza, recrear los estados de la luz en diferentes momentos del día, los fenómenos atmosféricos etc. Ascensión  Pérez parece querer atrapar en una sola imagen congelada y desglosada en otras muchas variaciones sutiles,  toda la belleza de su visión entorno a ese paisaje íntimamente querido, transformado por la pintura en su propia realidad, única e irrepetible.  

Fundación Cajamurcia, C/Cedaceros 11, hasta el 29 de abril.

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