Amalia García Rubí
Sábado, 9 de abril de 2011
Madrid

Luis Feito, la huella del expresionismo, en la Galería Fernán-Gómez

[Img #5748]Luis Feito, Madrid 1929, uno de los últimos baluartes de la abstracción  española de los años cincuenta, junto a Rafael Canogar y Martín Chirino, entre otros supervivientes del mítico grupo El Paso, mantiene hoy la esplendidez creativa de etapas anteriores, enriquecida además por la libertad de acción que otorgan los años a todo artista consagrado. Su trayectoria pictórica es sin duda una de las más universales de nuestro arte contemporáneo, dándose a conocer mayoritariamente a partir de los años setenta, cuando Feito reside en Nueva York y su obra se difunde a gran escala en las principales salas y museos de todo el mundo.

Sin embargo, la presencia continuada de grandes figuras como Luis Feito en los circuitos comerciales del arte, a menudo solapan la trascendencia real de un legado cuyo auténtico valor radica en la asombrosa sincronía entre la significación histórica  de la obra pretérita, latente aún en la memoria colectiva y presente de hecho en museos y salas de arte, y la vigencia de un discurso actual en perfecta armonía con el entorno plástico del momento.

Visto por algunos como el artista contenido y en cierto sentido más hermético de los de El Paso,  adscrito siempre a cierta geometría dictada por el principio de fuerzas opuestas y en cierto modo sometido a los dictámenes de la lógica, Luis Feito se ha caracterizado desde sus años matérico -informalistas, por la pureza de su expresionismo iconoclasta.

A lo largo de su evolución pictórica, pigmento, textura y soporte constituyen el vocabulario básico del lenguaje gestual en Feito, articulado a partir de un proceso en constante metamorfosis. Las luces y sombras astrales de sus pinturas de antaño (de tonos neutros y terrosos) contrastan casi frontalmente con la ahora efusiva gama de rojos, bermellones, violetas y negros aplicados enérgicamente sobre el blanco de la tela o el papel, donde el acto de pintar deja de ser evocación lírica de paisajes ocultos o crepusculares para sintetizarse en abstracción impulsada por el impetuoso mancillar del gesto, menos virulento y más reflexivo de lo que pudiera parecernos en un primer momento, hasta convertirlo al instante en brochazo, salpicadura o derramado dentro de un espacio total concebido unívocamente para la pintura. Pintura en estado puro.

Galería Fernán-Gómez, Plaza de la Independencia 9, hasta el 16 de mayo.

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